Alberto Hurtado fue un hombre de muchas obras. Pero sin duda, uno de los mayores logros fue el de cultivar la amistad y quizá con quien más lo unió ese lazo de confraternidad fue con don Manuel Larraín, Obispo de Talca entre 1939 y 1966.Eran hombres contemporáneos, no tenían más allá de un año de diferencia. Estudiaron en el mismo centro educacional: el Colegio San Ignacio. Don Manuel y el Padre Hurtado pololearon con dos hermanas, hicieron juntos el servicio militar y ambos decidieron el camino vocacional, uno entrando a la Compañía de Jesús y el otro al Seminario de Santiago.
Muchos todavía recuerdan que cuando el Padre Hurtado estaba ya muy enfermo, muy próximo a su muerte, desde Santiago vino a la Catedral de Talca a predicar con ocasión de los 25 años de sacerdocio de Monseñor Larraín, el 16 de abril de 1952.
Fueron amigos entrañables, prácticamente “yuntas” de toda una vida. Amigos que no se decían todas las cosas fáciles y hermosas, también discutían.
Así se plasmó esta profunda y transparente amistad entre Manuel Larraín y Alberto Hurtado, forjada de niños, cultivada de jóvenes, acrecentada siendo sacerdotes y permanente por la eternidad.
(Texto basado en un testimonio del P. Miguel Ortega)