- En estos últimos días hemos seguido muy atentamente el doloroso episodio de los niños cambiados en el Hospital Regional de Talca. Hemos palpado el dolor y la angustia de sus familias. Hemos sufrido y orado con ellos. Hemos visto cómo la ilusión y la felicidad de la llegada de un hijo se transformó, de pronto, en una terrible incertidumbre.
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Valoramos con emoción, el infinito respeto y amora la vida que nuestro pueblo sencillo vuelve a manifestar. Es muy grande el deseo de recuperar el hijo biológico, como grande es el desgarro de deshacerse del que fue acogido como propio. La vida indefensa, una vez más, es acogida y defendida por los sencillos de corazón.Con todos los hombres y mujeres de buena voluntad,lamentamos profundamente la situación ocurrida. No juzgamos intenciones. La justiciadeterminará responsabilidades y culpas.
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Nos duele especialmente que esto ocurra en la salud pública y que, por lo tanto, afecte a las personas de más escasos recursos. Todos los niños y niñas, sin distinción, merecen igual cuidado y dedicación. Si es niño y es pobre, es dos veces Cristo.
- Valoramos el gesto de la Sra. Directora del Hospital de Talca al asumir, en cuanto Directora, la responsabilidad de los errores cometidos. Esta actitud, lejos de humillar, enaltece al que la realiza. Sólo cuando somos capaces de reconocer nuestras fallas, podemos cambiar y crecer.
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Esperamos también que a la verdad y a la justicia sigan la misericordia y el perdón. Ésta es la medicina de Dios para que los dolores y heridas se calmen y cicatricen bien; no podemos olvidar que detrás de cada persona involucrada enesta situación hay hijos,padres y hermanos que padecen un verdadero calvario.
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Queremos expresar nuestro afecto, valoración y gratitud a tantas y tantos trabajadores de la salud. Sabemos de suverdadera vocación de servicio, no siempre bien retribuida. Les pedimosrenovar su decisión de servicio al mundo del dolor. Para quienes creemos en Dios, servir al hermano que sufre, es servir a Cristo mismo. El servicio a la vida, y, de manera muy especial, a la vida más débil, está inscrito en el corazón de Dios. Muchos se han sentido juzgados de manera injusta. Vaya a ellos(as) nuestra gratitud y comprensión.
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Paralos niños, pedimos a Dios lo mejor. Deseamos que crezcan sanitos, rodeados del amorde sus padres y familia. Jesús les dice especialmente a Uds., y a todos nosotros, que “el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (Mt.18,5).
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Al comenzar el Mes de María, le pedimos a la madre del Señor que nos bendiga y nos ayude a vivir estas circunstancias con los mismos sentimientos de Cristo. Ella nos ayudará para que el duro invierno que han sufrido tantos, culmine en una primavera plena de flores de verdad, de alegría y de paz
+HORACIO VALENZUELA ABARCA
Obispo de Talca
TALCA, noviembre 10 de 2006
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