P. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás de Curicó
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: <<Señor, el que tú amas, está enfermo>>. Al oír esto, Jesús dijo: <<Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella>>. (Juan 11, 1-7. 20-27. 33b-45)
Estamos en el domingo previo a la semana santa. Espero que la podamos vivir en familia de preferencia en su comunidad, pero muchos también saldrán por razones de descanso u otros. El texto nos hace contemplar una realidad que nos asusta y de la cual queremos huir siempre. La realidad de la muerte. Muchas veces escuchamos que existen nuevos descubrimientos que van extendiendo la vida y se espera que ojalá no muramos. Me parece que es la mayor monstruosidad que la humanidad puede hacer. ¿se imaginan un mundo de gente vieja que sobrevive en medio de una naturaleza que siempre se renueva? La naturaleza sabiamente se deja moldear y las hojas caen y las plantas mueren cada otoño e invierno para renacer más bellas en la próxima primavera. Los únicos que se rebelan ante ese movimiento natural son los humanos, dejando poco espacio para los jóvenes y aquellos que a la fuerza van conquistando presencia. No quiero abandonar a los adultos mayores, sino que podamos valorarlos y agradecer de manera notoria su aporte al progreso de todas las áreas del crecimiento humano, pero es necesario aceptar una realidad que viene cada día más cerca, que es el morir.
Nuestros ancestros tenían mucha mayor claridad en este aspecto y sabían que debían alejarse para tener un encuentro con el creador, con los antepasados; en definitiva, con el misterio que en esta dimensión no podemos ver.
Si bien es cierto, antiguamente los rostros reflejaban el dolor de la enfermedad o los años que iban terminando con la vida, había mayor conformidad sabiendo que se había cumplido el ciclo necesario para entregar todo lo que cada persona puede dar; hoy en día con los cuidados paliativos la cara de los difuntos reflejan una paz que seguramente no es tan real, porque a pesar de todo lo que tenemos hay un gran temor a la muerte, tanto es así que no dejamos que alguien hable de ella, así como en este texto lo hemos hecho.
Jesús nos enseña con la resurrección de Lázaro, que Dios tiene poder sobre la muerte. De hecho, no la quiere para nadie. Pero la enfrenta, la mira y la transforma en vida eterna. El paso por la cruz es solo un momento de nuestra existencia. Pero viene de ella la alegría de la eternidad.
La clave de la superación de dolores está en esta visión en la cual acompañamos, sabemos llorar como Jesús por los amigos, pero con la certeza y la experiencia de que cada hombre y mujer han tenido la cercanía, el cariño, el canto, la oración que me hace agradecer y despedirme con calidad para esperarlos en el mundo futuro.
Nos dice el Padre Fredy Peña, ssp; que “el miedo a la muerte, como vida sin Dios, hace al hombre materializado, apegado y sujeto solo a lo que puede ver, sentir y tocar. Por eso, Jesús nos anuncia una resurrección que comienza ya desde “ahora”, y, que finalmente, consistirá en la participación de la gloria con él”.
Quinto domingo de Cuaresma, 22 de marzo 2026.