Con una profunda participación de fieles, la Diócesis de Talca celebró la noche más importante del año litúrgico, marcada por el paso de la oscuridad a la luz, la proclamación de la Resurrección y un llamado a vivir en esperanza.
El sábado 04 de abril, a las 21:00 horas, decenas de fieles se reunieron en la Catedral de Talca para celebrar la solemne Vigilia Pascual, presidida por nuestro pastor diocesano, monseñor Galo Fernández.
La vigilia comenzó con el templo completamente a oscuras, signo del mundo sin Cristo. En el atrio de la catedral, el obispo bendijo el fuego nuevo, cuya llama rompió la noche e iluminó el inicio de la celebración. Desde este fuego se encendió el cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, y a partir de él los fieles fueron encendiendo sus velas, ingresando en procesión al templo, que lentamente se llenó de luz.
Luego se proclamó el Pregón Pascual, anuncio solemne del triunfo de Cristo sobre la muerte. Posteriormente, con las velas apagadas, se dio paso a la liturgia de la Palabra, recorriendo la historia de la salvación a través de diversas lecturas. El momento culminante llegó con el canto del Gloria, que marcó el paso de la espera a la alegría pascual, encendiéndose completamente las luces del templo.
En su homilía, el obispo invitó a profundizar en el misterio de la Resurrección como centro de la historia humana y de la salvación.
“Celebramos con alegría y queriendo penetrar en profundidad este acontecimiento trascendental único, plenitud de la historia. Por eso hemos leído las escrituras del Antiguo Testamento para reconocer en ella cómo la resurrección de Cristo estaba prevista como el acontecimiento culminante de la historia de la salvación (…) Todo el Antiguo Testamento constituye un mismo proceso que entrelaza la obra de Dios con la historia humana herida por el pecado, pero redimida por el amor de Dios que en Cristo se manifiesta pleno”.
Una luz que no puede ser derrotada
Asimismo, el padre Galo destacó el sentido de unidad del Triduo Pascual y la victoria definitiva de Cristo: “Esta celebración de hoy debe ser comprendida en unidad con las del jueves y del viernes, son en definitiva una sola. Y solo ahora, en la alegría del Resucitado, se entrega la bendición, porque a la luz de la resurrección, la Eucaristía y la muerte cobran pleno valor y sentido (…) Parecía que el mal había triunfado, pero desde la oscuridad de esta noche emerge una luz que no puede ser derrotada.”
Finalmente, animó a los fieles a vivir con esperanza en medio de las dificultades del mundo.
“La victoria de Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte es definitiva. La vida vence sobre la muerte, el amor es más fuerte que el odio (…) Cristo ha resucitado y su victoria sostiene nuestra vida en la esperanza definitiva. El cristiano no puede ser un hombre o una mujer sin esperanza, porque sabe que Dios tiene la última palabra.”
Tras la homilía, se realizaron las letanías de los santos y la bendición de la fuente bautismal. Los fieles encendieron nuevamente sus velas desde el cirio pascual para renovar sus promesas bautismales, siendo luego rociados con agua bendita como signo de renovación.
La celebración continuó con la liturgia eucarística y la comunión, culminando con la bendición final impartida por el obispo, en una noche que, una vez más, proclamó con fuerza que la luz de Cristo resucitado vence toda oscuridad.