Con una Eucaristía presidida por el obispo Galo Fernández, la comunidad diocesana agradeció el legado de quien fuera pastor de Talca durante tres décadas, destacando su centralidad en Jesucristo, su compromiso con el mundo rural y su servicio a los más pobres.
A las 12:00 horas de este lunes 21 de septiembre, la Catedral de Talca acogió a decenas de fieles que se reunieron para conmemorar el 18° aniversario de la Pascua de Monseñor Carlos González Cruchaga. La Eucaristía fue presidida por el obispo de la Diócesis de Talca, Monseñor Galo Fernández, quien invitó a reconocer con gratitud la huella que dejó don Carlos en la Iglesia y en la región del Maule.
En su homilía, luego de las lecturas del día, el obispo destacó la presencia de personas que compartieron el camino pastoral de Monseñor Carlos, así como de jóvenes que, sin haberlo conocido, reciben hoy el influjo de su ministerio a través de las comunidades e instituciones que nacieron bajo su impulso.
“En particular, a Carlos González le correspondió presidir la Iglesia de Talca durante 30 años. Un tercio prácticamente de nuestra historia. Tanto de lo que se ha ido configurando en ella tiene el genio, el impulso, la visión de don Carlos (…) Recordar a don Carlos no es solo para aplaudirlo, sino para tomar la posta, tomar la antorcha y seguir perpetuando el servicio del Evangelio, que es el servicio del hombre y la mujer de nuestro tiempo. Los tiempos cambian, los desafíos se renuevan, pero la misión continúa”.
Al recordar algunos de los principales rasgos del ministerio episcopal de Monseñor Carlos González, nuestro pastor diocesano puso en primer lugar su centralidad en la persona de Jesús, el conocimiento y amor por el Evangelio.
“Don Carlos tenía ese foco puesto en escuchar el Evangelio, eso nunca lo hizo aislarse en una vida intraeclesial encapsulada en los ritos, en lo que llaman vida espiritual. Él siempre comprendió que la vida espiritual nos llevaba a ponernos al servicio de la vida real, concreta. Allí donde están los dolores, las luchas, las angustias y tristezas, dijo el Concilio Vaticano II, del hombre, especialmente de los pobres. Un clamor palpitante en su corazón, que deseó tener la vida atenta a la vida real de la gente”.
En ese contexto, Monseñor Fernández recordó el compromiso de don Carlos con la defensa de la dignidad humana, particularmente durante los períodos de mayor dolor y vulneración de derechos en la historia reciente del país. Asimismo, mencionó el aporte de instituciones como Fundación CRATE, la Vicaría de Solidaridad y la Universidad Católica del Maule, entre otras obras que expresaron su vocación de servicio.
Durante el momento del ofertorio, los signos presentados recogieron elementos profundamente vinculados con la identidad del Maule y con la vida de Monseñor Carlos González. Una manta huasa representó la tierra y las raíces del pueblo maulino, territorio que el obispo recorrió y conoció ampliamente durante su ministerio. También se presentó un sombrero de huaso, en memoria de su cercanía con el mundo rural, junto a herramientas de uso campesino, que evocaron el trabajo y la vida cotidiana de las familias del campo, y el pan y el vino.
Hacia el final de la celebración, Verónica Zambrano, directora del Liceo Monseñor Carlos González, expresó un sentido agradecimiento por el legado del obispo y por la inspiración que continúa entregando a las nuevas generaciones.
Posteriormente, los presentes fueron invitados a descender hasta la cripta de la Catedral, donde descansan los restos del obispo, para elevar una oración y continuar dando gracias por su vida y ministerio. En ese lugar, el obispo Galo Fernández impartió la bendición, concluyendo así esta jornada de memoria agradecida.