Este es el nombre de la actividad, que por tercer año consecutivo realiza la Pastoral Carcelaria de la Diócesis de Talca en los alrededores de la cárcel de hombres de la ciudad.
Escuchar y obedecer
P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
“Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: <<¿Cuál es el primero de los mandamientos?>>. Jesús respondió: <<El primero es: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento más grande que éstos”. El escriba le dijo: <<Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios>>. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: <<Tú no estás lejos del Reino de Dios>>. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas”.
Continuamos escuchando los textos del evangelio de San Marcos. Hoy nos presenta a un escriba que pregunta lo que se debe obedecer. Me parece importante que todas las personas tengan esta pregunta siempre presente y que sepan responderla desde la escucha atenta del mismo evangelio de Jesús.
Para los judíos, la ley tiene que ver con la escucha atenta de lo que Dios le pide a los que ama. Obedecer viene de escuchar: ob audire, dicen los latinos. El Profeta Isaías nos invita a tener siempre una actitud de escucha, para saber cómo responder en todas las situaciones. Y la ley que Jesús nos propone está en ese ámbito, en el escuchar. Porque sabemos que un Padre siempre sueña lo mejor para sus hijos y le propone caminos diversos para que se pueda realizar en la vida, porque lo ama. Pero a medida que crece, ese hijo va decidiendo de acuerdo a su propio discernimiento y a la escucha atenta que ha tenido de la voluntad de su padre. En ese plano está la escucha de Jesús: mi voluntad es hacer la voluntad de mi Padre.
Así entonces, el pueblo de Israel conoce cual es la voluntad de su Dios, no debería tener dudas acerca de lo que significa vivir en su ley. También nosotros tenemos esa revelación, sabemos que cuando se ama a alguien, nuestra relación con ese amor será de cuidado, de servirlo, de darle todo lo mejor, de mostrarle el amplio espectro de posibilidades de crecer para que sea feliz.
Nuestra vivencia de la ley, en cambio, ha estado totalmente inclinada a tratar a las personas de manera infantil. Hemos enfatizado mandatos y reglas que nos han mecanizado y nos llevan a medir a todos con la misma medida. Sabiendo que cuando se trata de personas, no hay nadie igual a otra, aunque su descripción de situaciones sea totalmente igual a la de otras. Porque la enseñanza recibida, el lugar en el cual se ha vivido, la edad que se tenga, los valores aprendidos hacen que sea una experiencia totalmente distinta.
Pero, ¿por qué somos así? Porque hemos conocido a un Dios que es amor. Que nos miró y se compadeció de nosotros, nos condujo con brazo firme y mano extendida a través de la historia, nos sacó de la esclavitud de Egipto y como a un hijo nos llevó por el desierto a una tierra que mana leche y miel. Es el único que pensó y actuó por nosotros, dice el pueblo de Israel. Por lo tanto, a quien más podemos acudir, es nuestro Dios. Lo escuchamos -obedecemos- porque su palabra es palabra de vida eterna.
Quien recorre la historia de Israel y mira toda la historia de salvación hasta la parusía (momento final de la historia, venida del Hijo de Dios), descubrirá que todo está muy claro. No necesita preguntar, solo necesita preguntarse a sí mismo: ¿esto le hace bien a mi hermano?, ¿me ayuda a crecer a mí? Le dispone ante la ley en una actitud adulta. En una vocación de discípulo misionero.
Domingo 4 de noviembre, Marcos 12, 28-34.
“¿Qué quieres que haga por ti?”
P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: << ¡Hijo de David, ten piedad de mí!>>. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: << ¡Hijo de David, ten piedad de mí!>>. Jesús se detuvo y dijo: <<Llámenlo>>. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: << ¡Ánimo, levántate! Él te llama>>. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia Él. Jesús le preguntó: << ¿Qué quieres que haga por ti?>>. Él le respondió: <<Maestro, que yo pueda ver>>. Jesús le dijo: <<Vete, tu fe te ha salvado>>. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Nos encontramos nuevamente con Jesús camino hacia Jerusalén y dentro de ese camino le surgen diversos personajes que reciben de él una palabra, un signo de reconocimiento, una invitación, etc.; hace algunos domingos contemplamos el pasaje de un joven rico que conociendo a Jesús le pregunta acerca de los requisitos para la salvación; luego dos apóstoles le piden ser tenidos en cuenta en el reino ocupando puestos de importancia estando uno a la derecha y otro a la izquierda. Hoy es un ciego, es el Hijo de Timeo; eso es el significado de su nombre: Bartimeo. Al parecer son personas conocidas en las primeras comunidades cristianas, de ahí su incorporación en el pasaje bíblico.
Llama la atención que a la hora de pasar Jesús por el lugar donde estaba el ciego, Bartimeo lo reconoce como un profeta importante, lo llama Hijo de David y confía de manera total en que será sanado, y la gente le dice que se calle: que no moleste al Maestro. Será que no es digno de presentarse ante un profeta bueno. Porque los enfermos son pecadores y manchará de esta forma al Señor. Es curioso que los mismos habitantes le impiden buscar la salvación si han escuchado que ha realizado signos en tantos lugares.
A veces no conviene escuchar tantas opiniones desafortunadas, porque el ejercicio del discernimiento ayuda a descubrir la vida verdadera y los caminos que nos conducirán a la alegría y a la salud. Pero eso requiere formación, aprender lo que significa el Mesías en la vida nuestra.
Otra cosa que llama la atención es la disposición inmediata del ciego al oír que viene Jesús: de inmediato se levantó y botó su capa. Se desprendió de todo lo que tenía porque encontró un gran tesoro, como dice una parábola. Contrariamente a lo que el joven rico realizó: cuando se le pide dejar todo, se devuelve triste por el camino que había realizado volviendo a su vida monótona. El ciego Bartimeo, ahora curado sigue alegremente a Jesús, se hace parte de su comitiva y seguramente celebrará por primera vez la Pascua en Jerusalén, ha podido disfrutar la vida nueva. Su disposición de ánimo le permite comprender que la vida requiere confianza, fe; es así como logra conocer a Jesús y recobrar la salud.
Es importante invitar a que podamos, dentro de nuestras cegueras, descubrir dónde está el Señor hablándole a la comunidad de hoy. En momentos de crisis se nos puede perder de vista la presencia amable y sanadora de Jesús. Cuando estamos ciegos pueden aparecer muchos sanadores aprovechándose de la situación y se puede caer en una enfermedad mayor.
El interés de Jesús cuando pregunta es entrar en relación con la persona para que ella le haga saber su verdadera necesidad. Generalmente los ricos van con soluciones para problemas que nadie les ha planteado y es por eso que vemos descuido, poco agradecimiento, y ganas de no volver en los que han ayudado. Pero se valora más y se cuida cuando se responde a la verdadera necesidad y esa brota de los labios de quienes en verdad están en situación de indigencia.
Pidamos a Jesús que nos despierte el mismo sentido que él tiene, de escuchar y de acercarse a quienes más necesitan para responder con lo que buscan para vivir.
Domingo 28 de octubre, Marcos 10, 46-52.
Comunidad de hermanos
P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: <<Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir>>. Él les respondió: << ¿Qué quieren que haga por ustedes?>>. Ellos le dijeron: <<Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria>>. Jesús les dijo: <<No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?>>. <<Podemos>>, le respondieron. Entonces, Jesús, agregó: <<Ustedes beberán el cáliz que Yo beberé y recibirán el mismo bautismo que Yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados>>. Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: <<Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud>>.
Continuamos reflexionando el texto de San Marcos, y hoy nos encontramos con este pasaje en el cual los hijos de Zebedeo le hacen una petición a Jesús. Al parecer son del partido de los Zelotes y su deseo fundamental es expulsar a los romanos y a cualquier invasor de su territorio. Tienen una intención política partidista detrás de su deseo. Para Jesús en cambio, no está esa motivación, sino que su permanente anhelo es hacer la voluntad de su Padre, que quiere que todos sean hermanos y puedan convivir de manera armoniosa y con valores que hacen presente la vida trinitaria en el mundo, donde cada uno sin distinción realiza su tarea que es amar. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo mantienen su identidad personal, pero es una su naturaleza.
Seguramente creen que, por ser más amigos, o más cercanos al líder tendrán un lugar de privilegio a la hora de su “ascenso” al poder. Me parece muy oportuno hacer memoria de algunos gobernantes de naciones que partieron con una motivación de liberación de las opresiones de los gobernantes anteriores, con buena intención fueron los revolucionarios que subieron al poder para transformar las injusticias y para darle a la gente lo que necesita para salir adelante en su vida personal y comunitaria. Pero con dolor vemos hoy que esos líderes revolucionarios encabezan represión y acusan de golpistas o de traidores a quienes hoy les reclaman lo mismo que hace diez años atrás tenían como objetivos de sus luchas.
Jesús les hace mirar a los líderes cercanos: de Roma y de Judea, el César y Herodes; ambos tienen actitudes déspotas, centrados en ellos y miran en menos a sus súbditos. Seguramente muchos de los actuales gobernantes pueden soportar situaciones extremas: que los critiquen por diversas razones, que a veces tengan que asumir solos la responsabilidad de medidas que se hacen necesarias para que un país avance, como dice Jesús, beberán del cáliz. Pero esa fortaleza o triunfo se lo atribuyen únicamente a su personal capacidad o intelecto que luego les hace mirar en menos a los demás y creen que todos le deben agradecimiento y le deben rendir pleitesía.
Jesús invita al servicio, algo que hemos repetido infinitas veces. Jesús invita a construir una comunidad donde la jerarquía es servidora, donde la pirámide de poder se transforma en una mesa familiar, un grupo de hermanos donde cada cual tiene su importancia; su acción, su creatividad, su cercanía, su acogida, es necesaria y si no está algo falta a este pueblo. Es una mirada distinta que hace sacar lo mejor de cualquier hombre o mujer. El Padre Hurtado siempre llamó “patroncitos” a los pobres y los elevó en el trato para que sepan que su dignidad de hijos de Dios no la perdían.
Que en este tiempo nuevo de la Iglesia podamos superar la crisis con servicio y humildad.
Domingo 21 de octubre, Marcos 10, 35-45.
“¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”
P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: <<Maestro bueno, ¿qué debo hacer parar heredar la Vida eterna?>>. Jesús le dijo: <<¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre>>. El hombre le respondió: <<Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud>>. Jesús lo miró con amor y le dijo: <<Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme>>. Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: <<¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!>>. Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: <<Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de Dios>>. Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: <<Entonces, ¿quién podrá salvarse?>>. Jesús fijando en ellos su mirada, les dijo: <<Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible>>. Pedro le dijo: <<Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido>>. Jesús respondió: <<Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna>>.
Este texto es muy atrayente, especialmente para quienes desean aclarar su vocación. Porque pone a la persona delante de Jesús y con él responder en verdad lo que se quiere hacer en la vida.
El joven es una buena persona; de hecho, Jesús, lo miró con mucho cariño, se nota que es piadoso y seguramente un asiduo practicante de la religión. Se nota al responder de manera muy firme que todos los mandamientos los ha cumplido desde siempre. Pero a pesar de todo, algo le falta, quiere ser plenamente feliz. Y es el anhelo de todos los hombres y mujeres del mundo. ¿Qué le falta? Jesús le propone un camino cuando le nombra los mandamientos que tienen que ver con la relación entre las personas y finalmente le invita a dejar todos los bienes que posee, dárselo a los pobres y luego seguirlo. En esa posición, no fue capaz de responder y se fue apenado.
Muchos hoy en día viven la misma situación, estamos muy centrados en nosotros mismos, miramos nuestra seguridad y queremos que todo nos lo den, sin la apertura a la aventura. No existe la disposición y el desafío de empezar proyectos que implican la renuncia a todo lo aprendido, a lo ganado, a lo que da seguridad.
El seguimiento de Jesús siempre significará ese desapego que implica involucrarse con los demás, saber su historia y no solo por saberla sino para acompañarla, para ayudar a sanar los sufrimientos que se padecen en la modernidad donde todo está servido. La salud en muchas partes está solucionada, las pensiones se pagan, las viviendas se consiguen: pero no se encuentra alguien que quiera “perder tiempo” con los otros, que desee acompañar la soledad de los ancianos que terminan abandonados en muchos lugares del mundo. No es generalizada la opción de asumir el acompañamiento de los migrantes, de los que viven en las calles, de los que padecen el flagelo de las adicciones, etc.; la religión que propone Jesús no se queda en el cumplimiento de ritos dentro de templos y de comunidades donde todo está asegurado. Sino que su misión pasa por asumir las pobrezas del mundo, para erradicarlas; y que toda nuestra vida se transforme en ser itinerantes predicadores de la Buena Nueva.
Pidamos al Señor que nos ilumine para ser capaces de dejar todo y seguir a Jesús.
Domingo 14 de octubre, Marcos 10, 17-30.