La Eucaristía de las 20:00 horas, presidida por el obispo Galo Fernández, marcó el momento final de esta tradicional festividad, invitando a los fieles a vivir una fe valiente, comprometida y solidaria frente al dolor humano.
Con profunda devoción y una masiva participación de fieles y peregrinos, la ciudad de Talca vivió el martes 20 de enero la culminación de la Fiesta de San Sebastián, una de las celebraciones religiosas más significativas de la Región del Maule. Durante toda la jornada, el Santuario San Sebastián acogió a miles de personas que participaron de la oración, las confesiones y las distintas Eucaristías programadas.
El momento más significativo de la festividad se vivió en la misa final de las 20:00 horas, presidida por el obispo de la Diócesis de Talca, monseñor Galo Fernández Villaseca, quien en su homilía puso el acento en el testimonio de fe del mártir San Sebastián, y también habló sobre una cultura marcada por el éxito fácil.
“El mundo de hoy admira el éxito, el dinero y la vida fácil, pero nosotros estamos aquí celebrando con fervor una Eucaristía para adherirnos a un hombre que murió por ser fiel a la fe que proclamaba. Miremos el ejemplo de este santo como un camino radical de fidelidad a Cristo”.
“Nuestro modelo no es esa vida fácil y exitista. Nuestro modelo es un camino de amor, de entrega y de sacrificio (...) San Sebastián comprendió que su martirio era un verdadero testimonio de fe, capaz de fortalecer a otros en su camino cristiano”.
Asimismo, nuestro pastor diocesano subrayó que Dios no es ajeno al sufrimiento humano, mencionando también lo que están atravesando algunas comunas del país con respecto a los incendios forestales.
“El modelo de nuestra fe no es un Dios inmune al dolor humano, sino un Dios que se hizo hombre, que compartió nuestros dolores y que hoy sufre con cada familia que ha perdido lo que tenía”.
“Celebremos esta Eucaristía muy especialmente unidos a los hermanos de Concepción, de Lirquén, de Penco, y tantos otros lugares que hemos escuchado y que han sufrido tanto estos días. Por tantos peregrinos que todos los años en esta misma fecha van a Yumbel y que no han podido ir por esta tragedia. Rezamos unidos en un solo corazón y en una sola alma”.
La celebración se vivió también en un clima de responsabilidad y cuidado de la naturaleza. Durante todo el día, y de manera especial en la misa final, se recordó la decisión de no encender velas en la gruta, como un gesto concreto de prevención frente a los incendios forestales, invitando a los fieles a expresar su devoción mediante la oración y el compromiso solidario.
La festividad culminó con el traslado en procesión de la imagen de San Sebastián desde el campo de oración hasta su gruta, lugar donde permanece durante todo el año, acompañando y protegiendo a los devotos que diariamente llegan a encomendarse a su intercesión.