El comedor funciona los martes y viernes, de 12:30 a 14:00 horas, en la parroquia ubicada en calle 2 Norte con 23 Oriente, en Talca. Nació a comienzos de junio y, gracias al compromiso de un grupo de adultos mayores y al apoyo de distintos colaboradores, ha pasado de atender a ocho personas a recibir cerca de 40.
Con el deseo de responder a una necesidad concreta de quienes viven en situación de vulnerabilidad, la Parroquia Sagrada Familia de Talca puso en marcha durante la primera semana de junio un comedor solidario que cada martes y viernes abre sus puertas para entregar un plato de comida a quienes lo necesitan.
La iniciativa surgió luego de que el párroco planteara a la comunidad la posibilidad de poner en funcionamiento un espacio que ofreciera almuerzos a personas que no cuentan diariamente con los recursos para alimentarse. La propuesta fue acogida por Corina Sánchez Ríos, presidenta del grupo de adultos mayores de la parroquia, quien junto a María Retamal y Rosa Maureira, asumió la tarea de sacar adelante el comedor. Según relata Corina, las tres comenzaron literalmente desde cero, reuniendo pequeños aportes de dinero y alimentos para poder preparar los primeros almuerzos.
“Nosotros somos todos dueños de casa, con hijos, con familia, pero igual el tiempo que se da a Dios es algo tan grandioso, porque uno no sabe cómo hace las cosas y cómo llega todo. Partimos de cero. Sinceramente, en el grupo dijimos ‘queremos hacer almuerzo y no tenemos nada’. Y al tiro empezaron aquí hay 10 mil, aquí hay 2 mil, aquí hay 3 mil, aquí hay 5 mil. Después llegaron 50, después 60. Y con eso partimos. Después llegó gente anónimamente y también otras personas que fueron colaborando. Uno pone las manos y lo demás llega con el favor de Dios”.
El primer día que funcionaron esperaban que llegaran muchas personas, fueron ocho quienes acudieron a recibir el almuerzo. Con el paso de las semanas, la iniciativa fue creciendo hasta alcanzar alrededor de 40 personas. Algunos llegan directamente a la parroquia para almorzar, mientras que otros retiran sus porciones para llevarlas a sus hogares, agregó Corina.
“Como hacemos harta comida, viene gente que lleva para personas que están postradas, o también adultos mayores que están solos y que se las llevan para su casa. Porque es más factible que coman un poquito ahora, otro en la tarde, lo dejan para el otro día. A las personas que están ahora en el comedor les preguntamos: ‘Chiquillos, ¿cómo ustedes se las arreglan con los días que no comen?’. Porque es una realidad entonces nosotros tratamos de ayudar, porque hay personas que vienen a buscar su almuerzo y otras que necesitan que alguien se los lleve”.
Entre los platos que han preparado se encuentran porotos, carbonada, carne al jugo con arroz y cazuela, siempre procurando entregar una comida abundante y digna. Los almuerzos se preparan en cantidades importantes: por ejemplo, para una jornada pueden utilizarse hasta cinco kilos de lentejas o cinco kilos de arroz.
Una obra que crece gracias a la solidaridad
El comedor ha podido mantenerse gracias a una red de colaboradores que se ha ido construyendo desde sus primeros días. El grupo de adultos mayores ha sido fundamental, realizando aportes económicos y llevando alimentos como arroz, papas, cebolla, cilantro, fideos y aceite. A esto se suman donaciones anónimas de vecinos y personas de la comunidad Villa Tabunco, el Colegio Talca que entregó diversos productos, un grupo vinculado al área de transporte y telecomunicaciones que también realizó una donación. El comedor también agradece a la Panadería París, que cada martes y viernes entrega 20 panes para acompañar los almuerzos. También se reconoce el apoyo del párroco y de todos quienes, de manera silenciosa han colaborado.
Uno de los desafíos del comedor es mejorar las condiciones para la preparación y limpieza de los utensilios, especialmente contar con agua caliente y disponer de una cocina adecuada. Por ahora, se proyecta que el comedor funcione hasta fines de septiembre, aunque sus responsables esperan evaluar su continuidad y comenzar más temprano el próximo año, idealmente desde mayo.
La experiencia ha permitido que el comedor se convierta en un espacio de encuentro. Las encargadas conversan con quienes llegan, conocen sus historias y procuran comprender mejor sus necesidades. De esta manera, la ayuda no se limita solamente a entregar un plato de comida, sino que busca ofrecer un momento de acogida y dignidad.