La celebración, presidida por el obispo Galo Fernández, se realizó el domingo 30 de agosto al mediodía y reunió a familiares, amigos y miembros de distintas comunidades de esta parroquia de Talca Rural.
Su camino en la parroquia comenzó desde muy joven, marcado por una inquietud que con los años se transformó en una experiencia de fe y servicio. A sus 60 años, José Ignacio Espinoza Figueroa lleva cerca de 30 años participando activamente en la comunidad, especialmente en grupos juveniles, catequesis, como asesor de jóvenes y en distintas celebraciones litúrgicas.
Nacido en Ramadilla de Lircay, pertenece a la comunidad Padre Hurtado, la que forma parte de la parroquia Santa Amalia de El Sauce. Aunque es soltero y no tiene hijos, su cercanía con los jóvenes le ha permitido acompañarlos en sus inquietudes y necesidades, asumiendo muchas veces un rol cercano al de un padre.
La invitación a prepararse para el ministerio no llegó de una sola persona. Distintos sacerdotes y miembros de su comunidad habían visto en él las condiciones para asumir este servicio. Sin embargo, durante años José Ignacio sintió que aún no estaba preparado.
Finalmente, realizó durante dos años el proceso de formación para el ministerio. Hoy reconoce que haber esperado fue parte de su propio camino de discernimiento y preparación.
“Cuando me envió el obispo, sentí el peso de lo que es el servicio. Y creo que estuve bien en no haber tomado la decisión antes y la tomé ahora, en el momento que realmente estoy preparado. Sinceramente, fue Dios que me fue preparando de alguna forma y ahora sí puedo entregar su palabra como se merece, con el respeto máximo que se puede tener”, señala.
Un envío vivido con alegría y compromiso
La celebración de envío se realizó en la parroquia Santa Amalia de El Sauce, donde una numerosa comunidad se reunió para acompañar a José Ignacio en este nuevo paso de su vida pastoral. Él recuerda especialmente el ambiente de alegría y espiritualidad que se vivió durante la jornada, así como las muestras de cariño que recibió de quienes participaron. El obispo de la diócesis, monseñor Galo Fernández también manifestó su alegría por este nuevo servicio, algo que José Ignacio pudo percibir durante la celebración.
En sus palabras a la comunidad, el nuevo ministro agradeció a Dios y a quienes lo acompañaron en este camino. Junto con ello, quiso dejar claro que su envío no significa venir a cambiar lo que ya existe en la comunidad, sino poner el Evangelio y el ejemplo de Jesús al centro.
“Por ahí nació más el deseo de seguir sirviendo hasta que Dios me dé la voluntad y la sabiduría para poder ayudar a muchas personas, porque veo que hay mucha necesidad de Él. Mucha, mucha. No podía quedarme yo con eso escondido porque para mí sería una pena, una tristeza no entregar esa felicidad que yo siento de Él a mi hermano”, expresa.
Con esta disposición comienza una nueva etapa de servicio, que asume desde la humildad y la conciencia de que el ministro está llamado a acompañar y servir. Como cierre de la jornada, la comunidad compartió un momento de encuentro y fraternidad, prolongando la alegría de una celebración que, para José Ignacio, marca el inicio de un nuevo compromiso al servicio de su comunidad.