Pbro. Luis Vaccaro Cuevas
Teólogo
La pregunta central que el texto de este domingo pone ante nuestros ojos es el significado concreto que en el Evangelio de Marcos tiene la palabra profeta. Es un título que, en numerosas ocasiones Marcos usa para referirse a la figura de Jesús, y como en este caso, aunque el término no aparezca explícitamente, aparecen las acciones propias del profeta: “porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”... “y se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? Enseña de una manera nueva llena de autoridad...”. La manera de hablar de Jesús, es la que toca a los oyentes, la que les mueve el corazón, allí reside su potencia y su eficacia. No es la palabra que deriva de la autoridad, sino la autoridad deriva de esa palabra dicha, de los efectos que produce y de quien la pronuncia.
Por eso, la palabra de Jesús produce asombro, estupor, esa es la actitud contraria al corazón endurecido que no permite que esa palabra ni esa acción transmitan aquello de lo que son portadores: de la presencia de Dios. El verdadero profeta no se anuncia a sí mismo, no usa como pretexto la mención de Dios para hablar de otras cosas. Se puede hablar de Dios hablando de otras cosas, pero no se puede hablar de otra cosa cuando se habla de Dios.
Sólo desde esta comprensión del actuar profético del Dios hecho hombre, se puede entender la manera de actuar de Jesús frente al endemoniado. Está claro que el centro del relato no es la existencia o no de estos seres malignos, sino el comportamiento de Jesús frente a él y la intención del evangelista al “intencionar” este episodio en medio de una confesión de la divinidad del Señor por parte de los espíritus malignos. Jesús posee el poder del Reino de Dios, éste lleva consigo no sólo el anuncio de una liberación futura, sino que implica la realización de obras liberadoras a favor del hombre. No basta con la lucha librada en contra del pecado, la acción de Jesús, establece la necesidad de luchar, en nombre del Evangelio, contra todo aquello que oprime al hombre, que lo “posee” y lo enajena, alejándolo de toda posibilidad de liberación integral.
La autoridad de la palabra de Jesús viene de la autoridad que su persona tiene. No nace de la interpretación de la Ley, ni de la erudición en las muchas normas de los rabinos de la época. Se origina en aquello que Él es. Hay perfecta congruencia entre lo que hace y lo que dice. A eso se refiere la autoridad que en su actuar se trasunta. Lo fundamental para Marcos es la actuación liberadora de Jesús a favor del hombre. El Señor no ejerce esa autoridad profética única, por una suerte de autoafirmación de su propio poder. Dios no necesita de pruebas para que crean en Él, sino que es la expresión del amor gratuito e ilimitado que Dios derrama a favor del hombre, lo que Jesús con su autoridad hace presente.
Domingo 01 de febrero de 2015. (Mc. 1, 21-28)