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27 Mar2026

“¡Hosanna al Hijo de David!”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás de Curicó

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: <<Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto a su cría. Desátenla y tráiganmelos. Y si alguien les dice algo, respondan: <<El Señor los necesita y los va a devolver enseguida>>. Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: <<Digan a la hija de Sion: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga>>. Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús montó sobre él. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: <<¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!>>. Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: <<¿Quién es éste?>>. Y la gente respondía: <<Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea>> (Mateo 21,1-11).

En este Domingo llegamos a nuestras iglesias con los Ramos de palma y de olivos para reconocer al Señor, al Mesías que entra a Jerusalén como un hombre sencillo, montado sobre un asno y reconocido por todo el Pueblo. Tenemos dos Evangelios, uno es éste, que hemos compartido con todos y otro es el de la Pasión según San Mateo y que en cada Eucaristía de hoy se leerá. Si los miramos juntos, nos damos cuenta de la gran contradicción entre ellos ya que aquellos que lo aclamaban con gritos de Hosanna y bendito, luego en la Pasión lo ignoran pidiendo que salven a Barrabás. Es la suerte de los profetas que no buscan morir, pero su ministerio culmina de una manera trágica ya que en general a las personas no les gusta una corrección enérgica y llena de verdad. El Padre Pagola, como en otras ocasiones nos ayudará con su comentario del texto de la Pasión, que se puede leer en familia y luego comentar para comprender este misterio:

“La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento.

Pero Jesús no fue un suicida. Tampoco buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a «buscar el reino de Dios y su justicia»: ese mundo más digno y dichoso para todos que busca su Padre.

Si Jesús acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios, que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas; tampoco modifica su mensaje ni se desdice de sus afirmaciones en defensa de los últimos.

Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.

Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.

Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un «excluido», pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.

Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que le esclaviza.

Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de Dios encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño por salvar a sus hijos e hijas”.

Que durante estos días de oración y reflexión podamos recoger lo que el Papa nos pedía al inicio de la cuaresma: Escuchar a Jesús y a sacudirse de la espectacularidad que nos adormece en el puro cumplimiento de ritos y no en la transformación de la vida de las personas y del mundo entero.

Domingo de ramos de la pasión del Señor, 29 de marzo 2026.

20 Mar2026

Llorar y confiar

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás de Curicó

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: <<Señor, el que tú amas, está enfermo>>. Al oír esto, Jesús dijo: <<Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella>>. (Juan 11, 1-7. 20-27. 33b-45)

Estamos en el domingo previo a la semana santa. Espero que la podamos vivir en familia de preferencia en su comunidad, pero muchos también saldrán por razones de descanso u otros. El texto nos hace contemplar una realidad que nos asusta y de la cual queremos huir siempre. La realidad de la muerte. Muchas veces escuchamos que existen nuevos descubrimientos que van extendiendo la vida y se espera que ojalá no muramos. Me parece que es la mayor monstruosidad que la humanidad puede hacer. ¿se imaginan un mundo de gente vieja que sobrevive en medio de una naturaleza que siempre se renueva? La naturaleza sabiamente se deja moldear y las hojas caen y las plantas mueren cada otoño e invierno para renacer más bellas en la próxima primavera. Los únicos que se rebelan ante ese movimiento natural son los humanos, dejando poco espacio para los jóvenes y aquellos que a la fuerza van conquistando presencia. No quiero abandonar a los adultos mayores, sino que podamos valorarlos y agradecer de manera notoria su aporte al progreso de todas las áreas del crecimiento humano, pero es necesario aceptar una realidad que viene cada día más cerca, que es el morir.

Nuestros ancestros tenían mucha mayor claridad en este aspecto y sabían que debían alejarse para tener un encuentro con el creador, con los antepasados; en definitiva, con el misterio que en esta dimensión no podemos ver.

Si bien es cierto, antiguamente los rostros reflejaban el dolor de la enfermedad o los años que iban terminando con la vida, había mayor conformidad sabiendo que se había cumplido el ciclo necesario para entregar todo lo que cada persona puede dar; hoy en día con los cuidados paliativos la cara de los difuntos reflejan una paz que seguramente no es tan real, porque a pesar de todo lo que tenemos hay un gran temor a la muerte, tanto es así que no dejamos que alguien hable de ella, así como en este texto lo hemos hecho.

Jesús nos enseña con la resurrección de Lázaro, que Dios tiene poder sobre la muerte. De hecho, no la quiere para nadie. Pero la enfrenta, la mira y la transforma en vida eterna. El paso por la cruz es solo un momento de nuestra existencia. Pero viene de ella la alegría de la eternidad.

La clave de la superación de dolores está en esta visión en la cual acompañamos, sabemos llorar como Jesús por los amigos, pero con la certeza y la experiencia de que cada hombre y mujer han tenido la cercanía, el cariño, el canto, la oración que me hace agradecer y despedirme con calidad para esperarlos en el mundo futuro.

Nos dice el Padre Fredy Peña, ssp; que “el miedo a la muerte, como vida sin Dios, hace al hombre materializado, apegado y sujeto solo a lo que puede ver, sentir y tocar. Por eso, Jesús nos anuncia una resurrección que comienza ya desde “ahora”, y, que finalmente, consistirá en la participación de la gloria con él”.

Quinto domingo de Cuaresma, 22 de marzo 2026.

13 Mar2026

“No hay peor ciego…”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Vicaría Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás de Curicó

Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: <<Ve a lavarte a la piscina de Siloé>>, que significa <<Enviado>>. El ciego fue, se lavó, y al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: <<¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?>>. Unos opinaban: <<Es el mismo>>. << No, respondían otros, es uno que se le parece>>. Él decía: <<Soy realmente yo>>. El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. Él les respondió: <<Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo>>. Algunos fariseos decían: <<Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado>>. Otros replicaban: <<¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?>>. Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: <<Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?>>. El hombre respondió: <<Es un profeta>>. Ellos le respondieron: <<Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?>>. Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: <<¿Crees en el Hijo del hombre?>>. Él respondió: <<¿Quién es Señor, para que crea en Él?>>. Jesús le dijo: <<Tú lo has visto: es el que te está hablando>>. Entonces él exclamó: <<Creo, Señor>>, y se postró ante Él (Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38).

Estamos ya en la cuarta semana de cuaresma y este evangelio que se nos regala nos muestra el testimonio valiente de quien ha tenido un encuentro tan profundo con el Señor que al ser sanado ya no tiene temor de hablar y de contar su testimonio para invitar a otros a que crean en Jesús, aunque sea rebatido y puesto en ridículo.

Mirando el Evangelio, para los judíos la enfermedad era considerada un castigo recibido por alguna falta cometida por alguien dentro de la familia. De ahí que los fariseos le echen en cara la condición de pecador al ciego cuando les hace ver quien lo ha sanado.

Jesús hace entender que no es un pecado la ceguera. Lo que puede suceder, es que no teniendo a Cristo puede haber una falta de visión más grave. De hecho, el ciego de nacimiento, sin ver ha podido encontrarse con quien le devuelve la salud y ahora es consciente de su dignidad humana y es consciente de que el Señor es aquel que lo ha tratado de manera acogedora, le ha devuelto su alegría y sus ganas de vivir en un mundo que había sido totalmente enemigo de él. Su ceguera era un signo de maldición que le impedía integrarse en todas las actividades humanas.

A pesar de ella, luchó incansablemente para obtener respuesta, se sometió a las ofensas y calumnias de los que debían mostrarle la verdad, y no obtuvo nada. Solamente en un desconocido pudo hallar lo que siempre buscó. Aquello que era más que la visión física, era la integración en la vida comunitaria. La participación igual que todos los hombres y mujeres en todas las actividades de desarrollo.

Veo un llamado profundo a toda la sociedad a dejarse limpiar los ojos. Superar las visiones personalistas, que son un síntoma de ceguera, para entrar en actitudes que hagan posible los anhelos que todos buscamos: un país de hermanos, de reconocimiento de esa hermandad, de justicia para todos. Algo que está por encima de las visiones mundanas y que inspiran los talentos y dones que construyen una sociedad, porque el Espíritu no se puede apagar.

Cuarto domingo de Cuaresma, 15 de marzo 2026.

06 Mar2026

“Si conocieras el don de Dios”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: <<Dame de beber>>. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: << ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?>>. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: <<Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva>> (Juan 4, 5-15. 19b.26. 39a. 40-42).

Nos encontramos en la tercera semana de Cuaresma y el Evangelio de este domingo nos presenta el encuentro de Jesús con la Samaritana. Es un hermoso diálogo que con sencillez nos muestra al Señor que llega hasta el pozo y se sienta para descansar y le pide agua a la mujer que se había acercado ahí donde todos llegaban a surtirse de este elemento vital.

Jesús le pide de beber, y la mujer se asombra ya que los judíos no se hablan con los samaritanos. Para el Maestro que ha venido no existen diferencias entre las personas, no le importa si son de una raza o de otra, de una religión u otra, le importa que sean hermanos entre sí, que cada uno pueda reconocer la bondad de la vida y de los acontecimientos que se suceden a diario para bien de los hombres y mujeres del mundo.

Y aprovechando el lugar dialoga con la mujer acerca de la necesidad de agua viva que todos necesitamos, del alimento que nos saciará de manera definitiva, así como la sed que se tiene muchas veces y que no se acaba con el agua que se bebe sino con la conversión a una manera distinta de vivir.

Me parece muy iluminador en la existencia de todo hombre, el que se plante de frente a su propia vida para enfrentarla con todo lo que trae consigo. Muchos intentan aparentar cosas, mostrarse firmes y dominadores de la situación, pero a medida que avanzan van perdiendo seguridad y fuerza, terminan muchas veces derrotados en el camino porque seguramente su inspiración, su motivación era una invención, no una realidad.

La mujer samaritana al recibir la palabra de Jesús se deja mirar en su verdad; se deja conocer y acepta todo lo que se le ha dicho. Se enfrenta a su historia y a sus fragilidades, a su carencia afectiva que le impedía amar y dejarse amar, de ahí que tuviera tantos maridos anteriores. Hoy, en cambio, se ha transformado en una mujer misionera que le traspasa a los demás su experiencia de tal manera que, todos quieren conocer a Jesús. Van hacia donde está él para que los anime a mirar sus propias vidas. Que sea Jesús quien les hable, no un mediador que puede transformar sus palabras, quieren escuchar de primera fuente. Quieren beber del agua original.

Hoy, se nos invita a celebrar el día de la mujer en todo el mundo. Creo que es muy importante reconocer el aporte que hace día a día desde la creación del mundo. Compartimos todas las situaciones históricas y compartimos ese deseo de Dios, esa sed, que hoy se encuentra con el pozo profundo que es Cristo. Quien iba a buscar agua para saciar la sed de otros, se transforma en la favorecida que recibe el agua que sacia toda sed. En el encuentro con Cristo la vida toma otro sentido que perfecciona su propia historia.

La samaritana se supo amada por Jesús y eso provocó en ella la alegría, a pesar de ser de otra nación, de otra religión. Nuestro Chile necesita experimentar ese amor para reconocer su verdad y salir de los grandes dramas que tenemos para hacernos testigos de un nuevo modo de ser y vivir, que este próximo cambio de mando presidencial sea para bien. Que la oposición critique con caridad y comprometida con el desarrollo y progreso.

Tercer domingo de Cuaresma, 8 de marzo 2026.

16 Ene2026

Juan, el hombre bien ubicado

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: <<Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mi viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel>>. Y Juan dio este testimonio: <<He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios (Juan 1, 29-34).

Al iniciar el Año del Señor nuevamente se nos presenta la imagen del Bautismo de Jesús por Juan Bautista. Me parece que el bautista nos muestra más de la grandeza humana que muchos de los personajes que conocemos en todas partes que luchan por ser el protagonista de la historia.

Todos se presentan como los que han realizado grandes obras, que en su gobierno él ha sido el que ha proyectado más que todos, que si no lo reconocen en su verdadera dimensión renuncia a tal o cual institución e incluso es capaz de abandonar su fe. “Sentido” por la nula valoración de su persona y sus obras.

Juan el bautista, en cambio, nos muestra en su actitud de verdadero reconocimiento al Señor que viene y del cual él mismo no es digno de desatar la correa de su sandalia, como nos cuentan los otros evangelios, esa grandeza humana y vocación. Expresa de esa manera su total identificación y compromiso con la instauración del Reino nuevo que el Mesías viene a inaugurar. Su grandeza es dada por la mirada de fe que tiene en la persona de Jesús, porque ha visto descender el Espíritu Santo sobre su cabeza.

Estamos rodeados de personas autosuficientes, que tienen respuesta para todo, muchas de ellas tomadas de las redes sociales. Que nadie les puede enseñar y por eso mismo, se equivocan en muchas de sus decisiones y tienen que estar corrigiendo a cada rato. No es malo equivocarse. Lo que es malo es no saber discernir, ver primero los signos claros de lo que queremos hacer para que al tomar cualquier medida no tengamos que, al poco andar, tener que retroceder o borrar lo que emprendimos.

Juan el Bautista no se ha equivocado y anuncia con su vida, invita a un bautismo de conversión pensando en el Mesías que vendrá. Y su tarea tiene como única tensión el ser precursor del enviado. Jesús agradece esa misión, la enaltece cuando alaba al mayor de los hombres nacidos de mujer.

El bautismo recibido haciéndose solidario con la humanidad caída, es una palabra que confirma lo anunciado y que inaugura la predicación que marca la línea del Mesías: que los ciegos ven, los mudos hablan, los paralíticos caminan, los presos serán liberados y se proclama un año de gracia del Señor. El bautismo entregado por Juan inaugura el Reino, lo hace visible en la persona de Jesús.

Pidamos que nuestro bautismo sea fuente de vida y esperanza para nuestras comunidades.

Segundo domingo durante el año, 18 de enero 2026.

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