Demo

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias
Demo
  • Inicio
  • Noticias
  • Comentario Dominical
12 Ene2026

Respuesta creyente al encuentro con Jesús

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: <<Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡Y eres tú el que viene a mi encuentro!>>. Pero Jesús le respondió: <<Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo>>. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse a Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: <<Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección>> (Mateo 3, 13-17).

Dentro de las fiestas de Navidad, recordamos esta, la del Bautismo del Señor. Es un acontecimiento que ocurre cuando ya es mayor. Pero considerando que su vida estará marcada por una misión que se comienza a escribir durante toda su existencia es que hoy la Iglesia la presenta en la liturgia. Seguramente porque hoy la costumbre es bautizar a los niños a una edad temprana o cerca de su nacimiento.

El bautismo de Jesús marca en él una nueva dimensión de su ser. Toma conciencia de la misión que se le ha encomendado y la fuerza del Espíritu Santo le lleva a conocer todo con novedad transformadora porque seguramente la belleza de un trabajo, o la acogida de un pobre, la situación de un pueblo oprimido que antes era algo rutinario y hasta querido le lleva a comprender que no son situaciones provocadas por Dios y menos queridas por quienes la padecen. El bautismo en cualquier hombre o mujer le permitirá penetrar la realidad con esos ojos que logran ver lo esencial. Y aquello que parecía tan bonito se derrumba porque había explotación detrás, porque no había notado la exclusión o la discriminación.

La vida nueva del bautizado se expresa en la manera de entrar en la vida con un sentido nuevo. Aquél que brota del Espíritu que permite conocer la voluntad de Dios para la vida personal y para la comunidad.

Seguramente el llamado a todos los que vivimos en Jesús es abrirnos a la voz del Espíritu que habla de tantas maneras para que podamos dar una respuesta clara en estos tiempos que vivimos de crisis en tantos lugares y principalmente de instituciones.

La actuación en la vida de los discípulos de Jesús no puede ser a partir de “tincadas” ni de sentimientos únicamente, sino que deben llevar el color, la fuerza, la palabra y el compromiso que brota de la fe.

Vivir en el espíritu tiene como permanente pregunta aquella que el Padre Hurtado siempre se hacía: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Porque eso lleva a discernir de manera profunda los pasos que se deben dar para enfrentar todos los desafíos que tenemos por delante. En esa misma línea el Documento de Puebla usa un método que mira la realidad con los criterios de VER-JUZGAR-ACTUAR, y que de manera permanente nos ayuda a analizar la realidad que requiere medidas concretas para superar las dificultades que siempre se nos presentan a la hora de organizar la vida personal, comunitaria o nacional. Teniendo apertura al Espíritu tengo la certeza de que podemos crecer y volver a ser un lugar seguro, de orientación para la vida de todos, de refugio, de consuelo, de educación para la libertad, de justicia que renueva las relaciones humanas y con la naturaleza.

El bautismo no puede ser solo un rito como muchos “lo usan”, sino que es la respuesta creyente a la propuesta que brota del encuentro con Jesús.

El bautismo del Señor, 11 de enero 2026.

05 Ene2026

El olvido de este tiempo

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”. Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. <<En Belén, tierra de Judea – le respondieron-, porque así está escrito por el Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel”>>. Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: <<Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje>>. Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre y, postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino (Mateo 2, 1-12).

Entre tantas reflexiones que se escuchan en diversos lugares pensando en estos tiempos que nos tocan vivir, me parecen acertadísimas las palabras que el Padre Pagola nos dirige; permiten descubrir un sentido nuevo a esta Solemnidad de la Epifanía, quiero compartírselas ya que nos iluminan y nos ubican en un nuevo camino para nuestra historia personal y social:

“El cristianismo presenta a Cristo como portador de salvación, pero no pocos se preguntan hoy de qué nos puede «salvar» una religión: ¿qué necesidad tenemos nosotros de una «salvación» de naturaleza religiosa? Difícilmente podrá el hombre contemporáneo intuir las posibilidades que encierra la experiencia religiosa si no es capaz de detectar sus dolencias más profundas, las enfermedades que están arruinando su vida.

Uno de estos males es, sin duda, el olvido del misterio. El hombre ha desarrollado de manera extraordinaria la razón, pero está perdiendo sabiduría para captar el misterio. La técnica, con su lenguaje neutral de datos y códigos, es plana y sin misterio. Los medios de comunicación difunden una cultura del «entretenimiento», sin eco ni profundidad alguna. Las noticias se suceden unas a otras, sin tiempo para la reflexión. Atrae lo aparatoso o lo truculento, las emociones del «reality show», el sexo convertido en consumo, la cultura del «usar y tirar».

Y, sin embargo, el misterio nos acompaña de manera permanente, y no es difícil vislumbrarlo. Detrás de ese rostro que podemos ver con nuestros ojos, está el misterio de la persona. Tras el cuerpo y la figura del ser querido, se esconde el misterio de su afecto, su inteligencia, su amor. Detrás de lo que podemos ver y tocar, late el misterio de la interioridad, el espíritu, la vida. Lo que nosotros observamos es el rostro exterior, pero «lo esencial es invisible a los ojos» (Saint-Exupéry).

Este misterio que hay en la vida no es precisamente enigma u oscuridad; es sencillamente una realidad más profunda y superior, que escapa a nuestra visión. No es algo opuesto a la razón; es la cara oculta pero real de lo que nosotros percibimos, lo que da más claridad y sentido a todo.

La vida nos remite siempre al misterio: ¿qué hay tras la armonía insondable del cosmos? ¿Hacia dónde apunta el anhelo de bondad, belleza y verdad que late en el ser humano? ¿De dónde viene y hacia dónde va la humanidad? ¿Con qué nombre designar ese «misterio invisible» que se esconde detrás de todo lo que nosotros vemos o sentimos?

Las religiones responden: «El misterio del mundo se llama Dios.» Jesús concreta: «El misterio de Dios es Amor.» Lo profundo de la existencia no es algo tenebroso, es amor de un Dios Padre. Sin ese misterio de Amor, la vida se convierte en laberinto, nuestros pasos se pierden por caminos equivocados.

Los hombres se olvidan del misterio, pero Dios no se olvida de ellos. Como escribía J.M. Rovira, Dios «se acerca a ellos buscando la rendija que el hombre mantiene abierta a lo verdadero, a lo bueno, a lo bello, a lo humano». Dios sigue ahí, presencia desconocida u olvidada, sosteniendo y alentando desde el misterio la vida de todo ser humano. El relato de los Magos buscando al Salvador es una invitación a caminar por la vida abiertos al Absoluto”.

Epifanía del Señor, domingo 4 de enero 2026.

29 Dic2025

Familia que comparte lo bueno y lo malo

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced de Curicó
Vicario Episcopal de Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: <<Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo>>. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: <<Desde Egipto llamé a mi hijo>>. Cuando murió Herodes, el Ángel de Señor se apareció en sueños a José, que estaba en Egipto, y le dijo: <<Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra del Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño>>. José se levantó, tomó al niño y a su madre, y entro en la tierra de Israel. Pero al saber que Arquelao reinaba en Judea, en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, advertido en sueños, se retiró a la región de Galilea, donde se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo que había sido anunciado por los profetas: <<Será llamado Nazareno>> (Mateo, 2, 13-15. 19-23).

Les comparto el comentario de este domingo del Padre Pagola: “Los relatos evangélicos no ofrecen duda alguna. Según Jesús, Dios tiene un gran proyecto: construir en el mundo una gran familia humana. Atraído por este proyecto, Jesús se dedica enteramente a que todos sientan a Dios como Padre y todos aprendan a vivir como hermanos. Este es el camino que conduce a la salvación del género humano.

Para algunos, la familia actual se está arruinando porque se ha perdido el ideal tradicional de “familia cristiana”. Para otros, cualquier novedad es un progreso hacia una sociedad nueva. Pero, ¿cómo es una familia abierta al proyecto humanizador de Dios? ¿Qué rasgos podríamos destacar?

Amor entre los esposos. Es lo primero. El hogar está vivo cuando los padres saben quererse, apoyarse mutuamente, compartir penas y alegrías, perdonarse, dialogar y confiar el uno en el otro. La familia se empieza a deshumanizar cuando crece el egoísmo, las discusiones y malentendidos.

Relación entre padres e hijos. No basta el amor entre los esposos. Cuando padres e hijos viven enfrentados y sin apenas comunicación alguna, la vida familiar se hace imposible, la alegría desaparece, todos sufren. La familia necesita un clima de confianza mutua para pensar en el bien de todos.

Atención a los más frágiles. Todos han de encontrar en su hogar acogida, apoyo y comprensión. Pero la familia se hace más humana, sobre todo, cuando en ella se cuida con amor y cariño a los más pequeños, cuando se quiere con respeto y paciencia a los mayores, cuando se atiende con solicitud a los enfermos o discapacitados, cuando no se abandona a quien lo está pasando mal.

Apertura a los necesitados. Una familia trabaja por un mundo más humano, cuando no se encierra en sus problemas e intereses, sino que vive abierta a las necesidades de otras familias: hogares rotos que viven situaciones conflictivas y dolorosas, y necesitan apoyo y comprensión; familias sin trabajo ni ingreso alguno, que necesitan ayuda material; familias de inmigrantes que piden acogida y amistad.

Crecimiento de la fe. En la familia se aprende a vivir las cosas más importantes. Por eso, es el mejor lugar para aprender a creer en ese Dios bueno, Padre de todos; para conocer el estilo de vida de Jesús; para descubrir su Buena Noticia; para rezar juntos en torno a la mesa; para tomar parte en la vida de la comunidad de seguidores de Jesús. Estas familias cristianas contribuyen a construir ese mundo más justo, digno y dichoso querido por Dios. Son una bendición para la sociedad”.

Sagrada Familia de Jesús, María y José, 28 de diciembre 2025.

22 Dic2025

“El Dios con nosotros”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: <<José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de todos sus pecados>>. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: <<Dios con nosotros>>. Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa (Mateo 1, 18-24).

Quiero compartir una reflexión del P. Fredy Peña de “La Liturgia cotidiana” porque nos invita a mirar este acontecimiento del nacimiento de Jesús en una clave muy familiar, cercana a lo que cada hogar construye en su intimidad y cariño.

“Se sabe que Jesús es descendiente de Abraham y David. El primero es el padre de Israel y David su rey más importante; ambos son el origen de la nueva historia que Jesús como personaje principal, llevará a pleno cumplimiento. Jesús nace de María, su madre que estaba desposada con José…, que, de acuerdo con la costumbre de los judíos, el matrimonio consistía en el contrato y el vivir bajo el mismo techo. María y José estaban en la primera etapa, la cual tenía carácter de matrimonio; es decir, había un compromiso. Además, José era un hombre justo, no quería denunciar a María y pensaba dejarla sin que nadie supiera. ¿En qué radica la justicia de José? Para algunos sería no haber expuesto a María a una humillación pública; sin embargo, la justicia de José posee raíces más profundas: aceptar y confiar en la intervención extraordinaria de Dios, quien lo hace partícipe de su plan de salvación. En efecto, José descubre “algo” superior, incluso mayor a su propio matrimonio. Él se considera un “pobre” y, precisamente, con los pobres es que Dios construye hermosas historias de amor.

Asimismo, los padres de ese tiempo, a través del nombre de los hijos, intentaban caracterizar la misión que el niño desempeñaría en la sociedad. En este caso, Jesús, que significa “Dios salva”, es el nuevo Josué que introducirá al pueblo en el Reino de Dios. De ahora en adelante, Dios camina junto a su pueblo y éste toma “conciencia” de él, al igual que lo hacen los cristianos de hoy. Al hacer este ejercicio, sería un error limitarnos a pensar solo en nuestro pecado, puesto que también nuestra conciencia de Dios se fragua en las cosas buenas y hermosas que podemos llegar a hacer.”

Los planes de Dios nunca pasan por encima de la libertad humana. Lo hemos conocido en todos los llamados a hombres y mujeres en la biblia. Siempre tienen la posibilidad de decir que no, y con pena conocemos al joven rico que prefirió lo material antes que seguir a Jesús. No hay nadie que, habiendo conocido al Señor, lo haya defraudado. Su vida, sus opciones, su expresión siempre tendrá como centro el Reino de Dios que se construye en las obras de justicia que vemos a diario. En el trabajo solidario de crear instituciones servidoras del bienestar humano y nunca de explotación y de acumulación de riquezas que no ayudan a crecer, sino que dañan las relaciones y pone a uno contra otro.

La esperanza cristiana nos invita a recoger las palabras que han surgido este adviento: preparar, convertirse, alegrarse y contemplar a ese niño que nace y nos trae un reino nuevo.

Cuarto domingo de adviento, 21 de diciembre 2025.

12 Dic2025

Juan el Bautista, prepara el camino del Señor

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Párroco San José-La Merced Curicó
Vicario Episcopal Curicó y Pastoral Social
Capellán CFT-IP Santo Tomás Curicó

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: <<¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?>>. Jesús les respondió: <<Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquél para quien Yo no sea motivo de tropiezo!>>. Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: ¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquél de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino”. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él (Mateo 11, 2-11).

En este tercer domingo del adviento aparece la figura gigante de Juan el Bautista. Un profeta que ve lo que todos anhelaron: conocer al Mesías y ser testigo de los tiempos nuevos que su presencia inaugura.

Pero el evangelio lo presenta en una situación complicada: está preso debido a que ha criticado públicamente la relación que Herodes tiene con su mujer, considerada escandalosa ya que era esposa del hermano del rey. Seguramente la situación que vive le hace dudar de muchas cosas entre ellas la verdad acerca de Jesús: ¿será el que había de venir o debemos esperar a otro? La respuesta del Maestro es contundente, la da con las palabras que habían surgido del mismo Dios por labio de los profetas: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos son purificados, etc.; los dolores humanos desaparecen. Son los signos por los cuales se conocería la llegada del Mesías.

La respuesta provoca la vuelta de los discípulos de Juan para contarle y seguramente animarle en su esperanza. Y Jesús alaba al Bautista, lo reconoce en su tarea de precursor, de disponer el corazón de los hombres y mujeres de su tiempo para que puedan reconocer a su salvador. Hoy necesitamos a hombres y mujeres que nos den signos y testimonio de esperanza, de fidelidad a toda prueba de que es posible la construcción de una sociedad nueva.

Los sistemas políticos han fallado todos. Ahora toca la oportunidad de escuchar otras propuestas y hacerlo desde la mirada de una comunidad que sueña su propio destino. Las elecciones que se realizan en cada lugar durante este domingo en la comunidad nacional son la posibilidad que tienen los ciudadanos de poder colaborar en la construcción de un lugar nuevo donde vivir, el Reino de Dios no es un espacio exterior fuera de los límites del planeta ni tampoco intramundano; pero lo que aquí construimos debe ser imagen de esa verdad que supera nuestra mirada y nuestra inteligencia. Porque se parte desde los dolores e injusticias de este mundo para aliviar y para conseguir la tan anhelada paz. Que no consiste en estar tranquilos e inmóviles, sino en que cada uno ha ido convirtiéndose: es decir, teniendo mirada nueva frente a las situaciones que nos duelen como el trato discriminatorio por ser niño, o ser mujer, o ser “viejo”, o de tal raza o cultura.

La paz consiste en que toda persona es considerada como tal y por esa razón parte del pueblo de Dios y amada por él. Necesitamos hombres y mujeres que nos animen la vida, no que cuenten chistes; sino que nos puedan mover al trabajo, a la oración, a los cambios de actitud.

Tercer domingo de Adviento, 14 de diciembre 2025.

Más artículos...

  • “El Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada”
  • Señor, ilumina nuestra vida
  • “Tengan cuidado, no se dejen engañar”
  • “Todos, en efecto, viven para Él”
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • ...
  • 10

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
Todos los Derechos Reservados ©Diócesis de Talca-Chile

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias