P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca
“Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: <<No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal>>. Pero Yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el Tribunal. Ustedes han oído que se dijo: <<No cometerás adulterio>>. Pero Yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: <<No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor>>. Pero Yo les digo que no juren de ningún modo. Cuando ustedes digan <<sí>>, que sea sí, y cuando digan <<no>>, que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno”.
En la predicación de Jesús brotan nuevos desafíos para las relaciones humanas. Él no es alguien que impone preceptos como algunas caricaturas que se comentan en la calle o a veces hasta en la misma Iglesia.
Para el Señor, todo nace de la amistad profunda que tiene el hombre con Dios y que tiene una concreción en la “relación” que tengo con mis hermanos y parte de la fidelidad o la verdad personal.
Hay muchos comportamientos que se fueron haciendo costumbre por la cultura que impera en cada época.
Hoy, en cambio, vemos que muchos de los ordenamientos establecidos se cuestionan. Incluso la misma Biblia se ve con recelo porque ahí se inscriben tradiciones que se imponen, o son xenófobas, o miran de una manera machista las relaciones humanas de gobierno y de trato con la mujer.
El evangelio de hoy, creo que nos permite entrar en una dimensión más profunda y que obliga a replantearse muchas cosas en la vida personal y comunitaria. Lo primero es entrar en una relación personal de amistad con Dios y con los hermanos. Esto trae exigencias para cada uno en primer lugar, es como la formación en libertad: los grandes descubrimientos se realizan por la curiosidad del sujeto y los maestros o profesores ayudarán a comprender lo que cada uno está buscando. La ley me la aplico a mí mismo y luego puedo empezar a conversar con los demás. Desde una mirada comprensiva de sí mismo, seguramente podré ser más tolerante con muchas situaciones que vemos a diario. En otra parte del evangelio, Jesús nos invita a mirar antes la viga en el propio ojo y no la paja en el ojo ajeno.
De esta manera entonces, la ley de Jesús es más exigente que los mandamientos escritos, porque aquél que ama lo da todo. El mediocre cumple la ley.
Es exigencia entonces, para el que va detrás de Jesús, conocer sus criterios para poder disponerse al seguimiento con absoluta libertad. El que cumple la ley no siempre es libre, sino que está más atento a quienes se la saltan que a lo que puedo hacer como criterio del amor, que siempre será dar más: amar a tu esposa y descubrirla todos los días con su grandeza y debilidad y dejarte amar de la misma manera. Y eso implica heroísmo y muchas veces renuncia a “mis gustos personales” para que se vivan aquellos que juntos soñamos, seguramente nadie buscaría el divorcio, porque será más apasionante el vivir todos los días aventuras nuevas con ese compañero o compañera que hemos elegido.
Vivir la ley de Jesús es para hombres y mujeres verdaderos.
Domingo 16 de febrero, Sexto domingo del año. Mateo 5, 2-22.27-28.33-34.37.