P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Talca Ciudad y Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles y capellán Sto. Tomás
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: <<Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes>>. Jesús le respondió: <<Está escrito: “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”>>. Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: <<Si tú eres el Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Dios dará órdenes a sus ángeles y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”>>. Jesús le respondió: <<También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”>>. El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí lo hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: <<Te daré todo esto, si te postras para adorarme>>. Jesús le respondió: <<Retírate, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto”>>. Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo (Mateo 4, 1-11).
Antiguamente, la llegada de la Cuaresma significaba que todo se llenaba de un ambiente de misterio, de tensión mágica en lo que podría pasar si no se cumplían distintas tradiciones que tenían que ver con el comer, el reírse, el hablar, etc.; incluso el clima cambia en Cuaresma: se acabó el verano, se decía.
Hoy en cambio notamos un relajo en el plano religioso, mucha gente no se preocupa de nada que tenga que ver con este hermoso tiempo litúrgico. Me parece que una de las tentaciones es olvidarnos de que existe Dios y que también existe el Demonio. Y continuamos con nuestra rutina inalterable: llegó marzo y luego continuamos con el trabajo y ya estaremos en diciembre y volveremos a descansar en las “merecidas” vacaciones.
Creo que no podemos dejar que el tiempo pase de manera inexorable, es importante aprender a conducir la historia para poder realizar los sueños que tenemos en nuestra mente y corazón. Para Jesús, realizar la voluntad del Padre es lo primordial, por lo que se prepara con absoluta responsabilidad para esa misión: su estilo de proclamar el Reino de Dios no es poner unas simples frases de campaña, sino que es poner la vida entera en función de un proyecto. El demonio le tienta a utilizar algunos clichés conocidos en la época, a ser populista; a caer en lo que muchos sistemas han caído a través de la historia, en juegos de egos y en continuar con lo conocido pero adornado con frases bonitas.
Nuestro país requiere hacer un ayuno que le permita discernir su vocación fundamental para que luego cada uno de los que formamos nuestra patria podamos alinearnos con convicción, creatividad, compromiso, responsabilidad; en la construcción de estructuras justas en la cual se note la justicia, la equidad, que traerán como consecuencia la paz en los corazones y en la vida social.
Por quedarnos siempre en ayunos superficiales es que no logramos cambiar nuestra vida, mantenemos únicamente “piedades”, “ritos” que no llegan a transformar a nadie. La oración profunda, el diálogo con la realidad, el deseo de superarnos provoca en las personas una conversión capaz de gestos heroicos, de renuncia de sus “privilegios” para ser uno más, para tener el privilegio de ser comunidad, de ser con otros, de ser Pueblo de Dios.
Domingo 1 de marzo, Primer domingo de Cuaresma