P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Talca Ciudad y Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles y capellán Sto. Tomás
Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: <<Dame de beber>>. Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. La samaritana le respondió: <<¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?>>. Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió: <<Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y Él te habría dado agua viva>> (Juan 4, 5-15. 19b.26. 39a. 40-42).
Nos encontramos en la tercera semana de Cuaresma y el Evangelio de este domingo nos presenta el encuentro de Jesús con la Samaritana. Es un hermoso diálogo que con sencillez nos muestra al Señor que llega hasta el pozo y se sienta para descansar y le pide agua a la mujer que se había acercado ahí donde todos llegaban a surtirse de este elemento vital.
Jesús le pide de beber, y la mujer se asombra ya que los judíos no se hablan con los samaritanos. Para el Maestro que ha venido no existen diferencias entre las personas, no le importa si son de una raza o de otra, de una religión u otra, le importa que sean hermanos entre sí, que cada uno pueda reconocer la bondad de la vida y de los acontecimientos que se suceden a diario para bien de los hombres y mujeres del mundo.
Y aprovechando el lugar dialoga con la mujer acerca de la necesidad de agua viva que todos necesitamos, del alimento que nos saciará de manera definitiva, así como la sed que hace muchas veces y que no se acaba con el agua que se bebe sino con la conversión a una manera distinta de vivir.
Me parece muy iluminador para la vida de todo hombre que se planta de frente a su propia vida para enfrentarla con todo lo que trae consigo. Muchos intentan aparentar cosas, mostrarse firmes y dominadores de la situación, pero a medida que avanzan van perdiendo seguridad y fuerza, terminan muchas veces derrotados en el camino porque seguramente su inspiración, su motivación era una invención, no una realidad.
La mujer samaritana al recibir la palabra de Jesús se deja mirar en su realidad; se deja conocer y acepta todo lo que se le ha dicho. Se enfrenta a su historia y a sus fragilidades, a su carencia afectiva que le impedía amar y dejarse amar, de ahí que tuviera tantos maridos anteriores. Hoy, en cambio, se ha transformado en una mujer misionera que le traspasa a los demás su experiencia de tal manera que, todos quieren conocer a Jesús. Van hacia donde está él para que los anime a mirar sus propias vidas. Que sea Jesús quien les hable y no un mediador que puede transformar sus palabras, quieren escuchar de primera fuente. Quieren beber del agua original.
Estamos en un tiempo de crisis en nuestro país, es un momento crucial para poder reconstruir las confianzas, para nacer a una sociedad nueva. Pero es importante mirarnos con verdad. Saber acoger las diversas expresiones de los que formamos este país. El cerrarnos a una sola respuesta nos hace simplistas, fundamentalistas, nos quita libertad y el agua limpia se puede contaminar. La mejor manera de vivir es tener apertura a las diferencias, tolerancia a los diversos modos de ser.
La samaritana se supo amada por Jesús y eso provocó en ella la alegría, a pesar de ser de otra nación, de otra religión. Nuestro Chile necesita experimentar ese amor para reconocer su verdad y salir de los grandes dramas que tenemos para hacernos testigos de un nuevo modo de ser y vivir.
Domingo 15 de marzo, Tercer domingo de Cuaresma.