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  • “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado!”
24 Abr2020

“Es verdad, ¡el Señor ha resucitado!”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca

Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”. Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él. Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan (Lucas 24, 13-35).

Estamos viviendo la tercera semana del tiempo pascual, en el cual recordamos haciendo memoria agradecida de la resurrección de Jesús. El texto bíblico nos relata el viaje de regreso de dos amigos que decepcionados, vuelven a su casa y seguramente pensando en qué van a hacer ahora que ha terminado la aventura que habían iniciado con Jesús, un hombre extraordinario que poseía una gran sabiduría y realizaba signos grandiosos sanando enfermos y resucitando muertos, todos creían que sería el libertador de Israel. Todo eso se esfumó con su muerte y ahora no queda más que volver a la realidad de la vida antigua ya que proyectos a futuro no hay.

En eso iban cuando se les acercó un peregrino que conversando les ayudó a hacer catarsis, a releer su propia historia de fe y lo que significó ese encuentro vital con el Maestro. Los peregrinos, siguiendo una norma básica de acogida, invitan a Jesús a quedarse con ellos porque es tarde y la noche ya ha llegado. En la cena, en la bendición del pan lo reconocen. Y es ahí cuando descubren que la gran noticia de la Resurrección de Jesús era verdadera. Es el mismo que había muerto quien ahora ha caminado, conversado, comido con ellos. Y en ese recorrido y estar con él, deciden volver a la ciudad para alegrar con su propio testimonio la vida de otros, de los apóstoles, de los discípulos y de quienes han padecido esta gran pérdida. Porque lo han recobrado. Lo han descubierto en una manera nueva. En la fracción del pan. Así como otros en la pronunciación de su nombre.

Hoy en día lo encontramos en tantos hombres y mujeres que luchan por transformar la pandemia en salud. Lo vemos en tantos enfermos que quieren recuperarse y en tantas familias que se mantienen en cuarentena porque han despertado a la realidad de que su aislamiento es para la salud de todos. La muerte de Jesús no es para él únicamente, sino que nos enseña a morir también a nosotros mismos para que luego podamos resucitar a una manera nueva de tratarnos, de convivir, de respetarnos, de ser hermanos.

Ser testigos de la presencia de Cristo implica un permanente mirar esa dimensión en cada acontecimiento, en cada persona, en cada gesto que uno mismo realiza y que permite el reconocimiento de la dignidad humana.

Hemos sido testigos de muertes inhumanas, de numerosas despedidas sin familia ni culto religioso alguno. Todo ello nos va despertando a lo que significa tratarnos bien cada día y a lograr sanarnos para recuperar lo más valioso que nos enseña el Resucitado: que somos personas. Que seguimos aquí, que luchamos y trabajamos porque confiamos en que conseguiremos algo mejor. Hay signos, pero anhelamos lo definitivo. La alegría del Reino pasa por la purificación de la cruz, de ahí sale fortalecida la vida que se entrega en un poco de pan y un poco de vino.

Domingo 26 de abril, Tercer domingo de Pascua.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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