P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca
Jesús dijo a sus discípulos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones, si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy”. Tomás le dijo: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?”. Jesús le respondió: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que crea en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre” (Juan 14, 1-12).
En este domingo estamos invitados a celebrar a nuestras “Madres”, los que la tenemos viva no podremos acompañarla en este año ya que la mejor forma de cuidarlas es mantener la distancia social. Pero seguramente existirá la preocupación de tenerle un “engañito” que exprese de manera significativa el cariño y el agradecimiento que le tenemos y también para las madres que han partido de este mundo, la lectura del evangelio le podrá dar una pista de la alegría que siente el creyente al compartir con el mismo Dios.
Seguramente para todos los que vivimos en el mundo pensar en la muerte es sinónimo de miedo, de incertidumbre, de pena. Los discípulos cuando escuchan hablar a Jesús lo experimentan muy fuerte; porque han dejado su casa y familia, sus trabajos, para embarcarse en una aventura que los ha llevado a recorrer el país y han podido ser testigos de quien era Jesús. Se han constituido en una familia por la confianza, porque han compartido todo lo que las personas viven y conocen del grupo humano más cercano: duermen y despiertan, comen y trabajan en lo que su maestro les ha ido entregando, se han ido configurando con su Señor en una relación de amor profundo. Por lo tanto, escuchar de su partida siempre será doloroso.
Pero Jesús no quiere despertar falsas expectativas en las personas. Hay realidades que debemos enfrentar y una de ellas es la muerte. La que vendrá en cualquier momento, ya seamos viejitos, ya estemos enfermos, un accidente, o producto de los grandes desafíos y luchas que los hombres y mujeres emprenden en su vida. Para Jesús, la vida no tiene sentido si no realiza aquello que tiene como misión. No tiene sentido si no anuncia el Reino, ya que irse sin cumplir el objetivo: ahí sí que sería morir. Que triste debe ser morir sin haber tenido la posibilidad de despertar en los demás el deseo de luchar, de trabajar, de impregnar el mundo de buena voluntad. De irse únicamente con la sensación de que no hice nada, solo respiré y pasé sin dejar ninguna huella.
Gracias a Dios, he conocido infinitas personas que han sido sencillas, no de primeras planas en diarios o revistas; pero en esa vida vivida han marcado a sus hijos y nietos quienes los han llorado, pero han agradecido y nunca se olvidarán de lo que entregaron. Esas personas han ido a preparar un lugar para cuando nos toque al resto. Es lo que provoca Jesús en el corazón humano. Que todo hombre sea un fuego que enciende otros fuegos, como decía el Padre Hurtado.
Domingo 8 de mayo, Quinto domingo de Pascua.