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08 Jun2020

Familia que sabe amar a cada uno como es La Santísima Trinidad

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca

Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios (Juan 3, 16-18).

Hemos pasado los días de la Pascua y comenzamos ahora un tiempo conocido como el tiempo ordinario o año del Señor, que recuerda como un solo día durante más de treinta semanas ese acontecimiento que marca la historia humana como es la resurrección de Jesús y que al celebrarlo en la Eucaristía nos sigue diciendo que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

El domingo de la Santísima Trinidad es la mirada a Dios que ama. Es el catecismo que se ha enseñado desde siempre: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios. La familia divina que nos enseña a amar de verdad.

Estamos medio acostumbrados a que nuestras relaciones sean más “comerciales” que verdaderamente amistosas, nos relacionamos con personas que pueden sernos útiles en algún momento de la vida y no hacernos hermanos queridos importantes y necesarios para compartir las alegrías y las penas. Para acompañar el crecimiento de cada uno sin tener envidias ni “chaqueteos”. Cuantas veces hemos visto esa realidad en la cual nuestra envidia por lo que hace el otro termina transformándose en una invención de defectos o de odios que nos separan para siempre.

La vida de la comunidad tiene que estar marcada por el reconocimiento de todo aquello que los demás son para nosotros: hombres y mujeres que sirven, que tienen la capacidad de enseñar, de aconsejar, de ser solidarios y en esa relación cada uno mantiene su personalidad y su rostro, pero todos pueden ver en ellos que como una sola persona nos muestran “el rostro” de Dios que ama, de Jesús que nos acerca ese amor y del Espíritu que nos permite comprender todas las cosas.

El evangelio de la Santísima Trinidad es un llamado a que todos los hombres y mujeres de fe hagan visible ese amor en la tierra. Que se trabaje para que se vuelva estructura el amor vivido por la Santísima Trinidad.

Estamos en tiempo de pandemia; muchos hombres y mujeres se comprometen en campañas para llevar alimento o remedios, o simplemente para acompañar a quienes más sufren en esta situación, algunos porque han perdido sus fuentes de trabajo y otros porque la cuarentena de diversos lugares no le permite salir a buscar el sustento propio o familiar. Hay quienes buscan en laboratorios la vacuna para sanar del COVID 19. Y todo se da en un compartir los dones que cada uno posee provocando a veces diferencia de métodos, pero la búsqueda que debe imperar es la misma. Ahí es donde se debe aportar y reconocer el valor de cada uno, pero sabiendo discernir lo mejor para la humanidad. La familia divina posee ese don. El de unirse para hacer aflorar lo mejor de cada uno y hacer lo mismo con su creación.

La Santísima Trinidad son tres personas distintas, pero uno en el amor. Un objetivo que todos quieren vivir, pero desde lo distintivo de cada cual, y nadie se siente atropellado por el otro, sino que más bien son complementados con el ser del otro.

Domingo 7 de junio.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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