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28 Ago2020

“Quien me quiera seguir, cargue con su cruz”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles

Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: <<Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá>>. Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: <<¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres>>. Entonces, Jesús dijo a sus discípulos: <<El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras>> (Mateo 16, 21-27).

Estamos en el último domingo de este mes de agosto que nos ha hecho recordar lo importante de mantener en nuestro pensamiento, porque es la concreción de la vida cristiana, la doctrina social de la iglesia: ella nos invita tener siempre presente el BIEN COMÚN, EL DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES, LA SUBSIDIARIDAD: que no tiene nada que ver con subsidios o ayudas temporales para sanar algunos males inmediatos y por eso tan rechazada cuando la escuchamos (la verdadera es el aporte de todos los que pueden colaborar para alcanzar el verdadero progreso y un estado que vele para que cada iniciativa cuando tiene presente el bien común lo pueda llevar a cabo) y la SOLIDARIDAD que nos mueve a trabajar juntos por superar tantos males que afectan nuestro mundo y con ello nuestra propia vida, y a veces lo que afecta nuestra vida hace que sufra nuestro mundo.

Para poder vivir este gran desafío, el evangelio de Jesús nos habla claramente, es necesario aprender a correr riesgos para salir adelante con nuestros sueños. Los sueños no son simplemente imaginación, sino que son esos proyectos que se ven a largo plazo y que requieren procesos largos para llegar a instaurarse.

Jesús sabe que para el Reino de Dios no es un movimiento mágico (como lo hemos mencionado en muchas ocasiones), sino que es la invitación a que otros y otras se sumen a ese plan de vida y lo hagan propio con la convicción tan profunda que serían capaces de dar la vida por ello.

Hay gente que prefiere lo fácil como Pedro, hoy, que no le pase nada, que no sufra. En lenguaje sencillo: que despierte y sepa leer, que sueñe y hable otro idioma, que me nombren gerente de una empresa sin haber tenido ninguna experiencia. Pero eso no se da en la vida real. Para alcanzar todo, se debe pasar por la cruz: hay que estudiar y levantarse temprano (las velitas en Pompeya no le sirven si no leyó la materia); hay que aprender a obedecer a alguien para comprender lo que significa dirigir una empresa cualquiera sea ella; hay que hacer un recorrido para alcanzar la cima en el área que se quiera.

En el ámbito del evangelio, lograr la plena comunión, la vida eucarística, que es todo lo que hablaba anteriormente, significa asumir la propia cruz: la de las propias virtudes y debilidades; hay algunos que no dirigirán las tareas, pero cada uno es un instrumento esencial para que la música que brote de esta orquesta suene perfecta, el director sabe que uno desafinó u otro hizo silencio. Pero en cada momento que me toque hacer sonar mi instrumento debe ser afinado y en la duración precisa. Para ello, ha sido clave darse el tiempo de crecer mirando el ideal, y sabiendo que para llegar a él hubo que sufrir, hubo que dar tiempo, hubo que pasar la cruz.

Domingo 30 de agosto, Vigésimo segundo domingo del año

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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