P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: <<Escuchen esta parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Pero al verlo, los viñadores se dijeron: “Éste es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?>>.
Le respondieron: <<Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros que le entregarán el fruto a su debido tiempo>>. Jesús agregó: <<¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: ésta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?”. Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos>>. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta (Mateo 21, 33-46).
Iniciamos un nuevo mes en el que la pandemia todavía nos impide reunirnos y vivir en una forma en la cual podamos saludarnos, sentarnos juntos en el mismo lugar, conversar y compartir la mesa y los deportes, la música, los encuentros familiares y todo tipo de participación en la sociedad.
El evangelio que hoy se nos regala nos ofrece una síntesis de toda la historia de Israel. La preocupación que Dios tiene por un pueblo que se ha elegido y al cual se ha dedicado desde siempre con cariño enviando diversos cuidadores que deben preocuparse por hacer que den buenos frutos, en la figura de la viña. Los primeros cuidadores se han creído dueños de ella y cuando vienen los que deben recoger los frutos los han despreciado, los han golpeado o matado, incluso al hijo del dueño. Es lógico entonces que se tomen medidas disciplinarias contra ese grupo de personas. Ellos mismos lo reconocen. Ahora se les entregará a otros que cumplan su tarea y a su debido tiempo entreguen los frutos de esa viña.
La preocupación que surge es que pareciera que esos nuevos cuidadores son la solución definitiva. Pero conocemos un dicho que dice “toda escoba nueva barre bien”. Hoy, vemos con dolor que la Iglesia no es el Reino de Dios, y como depositaria del mandato de Jesús de “ir y anunciar el Evangelio por todo el mundo” tampoco lo ha cumplido de forma eficiente. En nuestro país, las confianzas están puestas en instituciones o personas que nada tienen que ver con la comunidad de la Iglesia, es más, todo lo que huela a religión es mirado con sospecha y desconfianza.
Me parece que se hace muy necesario comenzar a trabajar en silencio y con un amor profundo por la viña, es lo que la hizo producir frutos. Los recuerdos de mucha gente son que la Iglesia me acogió, me cuidó, me abrió puertas, me defendió de la persecución, me alimentó cuando tuve necesidad; y todo eso se hizo en silencio y de esa manera se constituyó en la institución más querida y respetada. Ese camino que lleva a sembrar en el corazón de los hombres. Un camino que está lleno del evangelio de Jesús es el que deja mejor huella y hace producir frutos dulces y no agrios. Estamos en un momento crucial de nuestra historia patria porque en instancias de decisión por un proceso constituyente podrían los viñadores dejar fuera al dueño de la vid.
Domingo 4 de octubre, Vigésimo séptimo domingo del año.