Demo

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias
Demo
  • Inicio
  • Noticias
  • Comentario Dominical
  • Vistamos el traje de fiesta
09 Oct2020

Vistamos el traje de fiesta

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: <<Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas>>. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: <<El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren>>. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. <<Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?>>. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: <<Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes>>. Porque muchos son llamados, pero pocos los elegidos. (Mateo 22, 1-14)

En tiempo de pandemia nos ha llegado un sinnúmero de invitaciones a charlas, reuniones, cursos, etc., todos muy importantes y necesarios para el crecimiento personal y para aportar a la vida comunitaria, ya sea eclesial o social política. Por lo menos a mí, personalmente se me hace difícil estar en todos, y cuando uno se encuentra con el organizador te reprocha tu falta de interés, tu poca conciencia social, tu despreocupación por la formación permanente, tu desapego a la familia, etc., etc., etc.,…

Todas estas invitaciones no tienen el mismo nivel que la invitación que nos hace el evangelio que es apuntar a una decisión que lleva al sentido de la vida. Algo que todos en cierta forma buscamos. Y lo hacemos a veces inconscientemente, es cosa de ver el seguimiento que te hacen las redes sociales que te descubren y te entregan todas las cosas que normalmente buscas en ellas. He visto personas que orgullosamente cuentan que siempre leen y encuentran lo que necesitaban en esas redes. Porque ya saben lo que te interesa.

Aquellos a los cuales invita el dueño de la casa tiene que ver con la vida definitiva. Es bueno saber qué es lo que soñamos, lo que anhelamos y recogemos a medida que avanzamos en lo personal y que dejará una huella a quienes te sigan o escuchen en ese peregrinar, ya sean tus hijos o nietos, alumnos, que experimentan contigo una cercanía o admiración que brota del cariño y lleva a asumir los mismos desafíos u objetivos en la propia historia.

La meta es reconocer en primer lugar que el dueño de casa, en este caso el rey, quiere que todos compartan su alegría. No es un ser egoísta, sino que los invita a todos.

En un régimen de libertad, es parte del juego saber que algunos no aceptarán la invitación. Pero eso no significa destrucción de las cosas, o asesinar a los servidores. Habla muy mal de la tolerancia que tanto invocamos, y que no debe ser solamente para conmigo, sino que debo aprender a ser yo tolerante con quienes no son o piensan igual que yo. Por lo tanto, el Reino de Dios es una opción que se empieza a vivir en el hoy de cada persona y se nota en sus búsquedas, en sus ideales, en sus luchas diarias y compartidas con otros.

Hay muchos que quieren entrar a la fiesta de bodas, encuentro de alegría de toda la familia, pero no tienen la intención de vivir o compartir el gozo de los que ahí se encuentran dando un testimonio negativo de aquello que están diciendo ser, es decir, no tienen el traje puesto. Son los que se quedan fuera por decisión propia, viven a su manera, como dicen muchos. Por lo tanto, no son reconocidos como invitados.

Pidamos al Señor que nos sintamos siempre acogidos por él, amados profundamente de tal manera que deseemos vivir, vestirnos como él para que podamos entrar en ese banquete.

Domingo 11 de octubre, Vigésimo octavo domingo del año

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
Todos los Derechos Reservados ©Diócesis de Talca-Chile

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

  • Inicio
  • DIÓCESIS
    • Reseña histórica
    • Obispo
    • Gobierno Diocesano
    • Sacerdotes y Diáconos
    • Comunidades Religiosas
    • Fundaciones
    • Casas de Ejercicios
    • Colegios
    • Hogares
  • Vicarías y Departamentos
    • Vicarías
    • Archivo Parroquial
    • Comunicación Social
    • Formación
    • Catequesis
    • Liturgia
    • Depto. Jurídico
    • Administración
    • Espiritualidad
    • 1 %
    • Santuarios y Piedad Popular
    • Gestión Educacional
    • Centro Pastoral Curicó
    • Pastoral Vocacional
    • Pastoral de Animación Bíblica
  • Parroquias
  • Agenda del Pastor
  • Noticias