P. Luis Vaccaro Cuevas
Teólogo
La pregunta de los hijos de Zebedeo es respondida por Jesús en dos momentos, muy claros en el evangelio de San Marcos. El primer momento se refiere a la posibilidad de que los discípulos lo acompañen en su gloria. El segundo momento alude al eventual privilegio de poder reservar los primeros puestos a favor de determinados discípulos, que sin duda son ellos mismos tal como nos lo presenta el texto. Sin embargo, ambos momentos pertenecen a un único tema, que el maestro desarrolla en las escenas que siguen.
Al primer momento, Jesús responde sencillamente. Llegar a la Gloria es posible pero antes hay que recorrer el mismo camino de Jesús, y beber del cáliz que Él tiene que tomar. Eso significa, claramente en el evangelio de San Marcos, el camino de la cruz y de entrega total de la vida, en el sufrimiento y en el desprecio que Jesús debe pasar hasta llegar a la muerte.
La respuesta al segundo momento del tema, es más extensa y más dura. El derecho a la reserva de los primeros puestos es una pretensión de absurdo orgullo humano, que no se condice para nada con la gratuidad y el regalo del Reino que es para todos, sin fronteras ni límites. Ante la indignación que la propuesta de los otros discípulos desencadena, Jesús presenta las razones más profundas de este nuevo orden, y lo hace usando la imagen de la contraposición entre la comunidad de los discípulos, de la Iglesia y la sociedad civil, tal como era concebida en la época.
En el Estado están los jefes. Ellos dominan con dureza y hacen sentir el peso de su autoridad. Ese tipo de autoridad requiere de dignidad y de acatamiento servil. Naturalmente la figura opuesta al que así ejerce la autoridad es la del que sirve. En la comunidad cristiana los jefes tendrán, paradójicamente, la tarea de servir. El fundamento más profundo de esta visión de la realidad está precisamente en que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir. El servicio de la vida de Jesús, es total, se convierte en rescate salvador para la vida de los hombres. Por ello los que siguen al Señor no actúan como señores ni como “reyes” que dominan, aun queriendo liberar de esa manera.
Sólo se proclama y se hace efectiva la verdadera liberación de la esclavitud, del pecado, de la falta de amor cuando se sirve, cuando se aprende a entregar la vida sin buscar “puestos”, ni reconocimientos. Cuando se acepta la paradoja, del Señor que salva desde la cruz. Ese es el camino de la Iglesia. Esa es la andadura que siempre habrá de discernir para ser fiel a su Cabeza, que dio la vida en rescate por todos.
Domingo 18 de octubre de 2015. (Mc.10, 35-45)