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22 Dic2015

Dios cumple sus promesas

p luis vaccaroP. Luis Vaccaro Cuevas
Teólogo


El texto que la Iglesia hoy nos ofrece para ser aclamado y acogido concluye el tiempo de Adviento.  Por medio de esta escena, magistralmente relatada por San Lucas, se unifican los destinos del Bautista y Jesús, y por supuesto se señalan, de modo paradójico las grandes diferencias que existen entre uno y el otro.

Al recibir la visita de Jesús, ya concebido, Juan se alegra desde el vientre de su madre; su alegría ha condensado todo el gozo del auténtico Israel, que se llena de esperanzas y de plenitud por la venida del Mesías esperado. Por ello es semejante la relación que se establece entre las madres: Isabel, símbolo del antiguo testamento, glorifica a su pariente María, que por su fe, se ha convertido en el principio y arquetipo de la humanidad salvada y redimida.

En esta escena de carácter tan familiar y doméstico, como tantas de nuestra vida, se expresa la historia de Israel, que ha protagonizado la elección de Dios como comunidad que realiza, en su historia concreta, la salvación prometida por Dios.  Por ello, Isabel siempre significará la esperanza de todos los hombres que, en todo tiempo y lugar, esperan salvación y plenitud. En María, Dios ha hecho fecunda la historia de los hombres: Jesús es la presencia definitiva y decisiva del Señor entre ellos. Su persona, sus gestos y sus palabras serán, la realidad del reinado de Dios entre nosotros.

Isabel es el símbolo de la antigua alianza que ha cumplido plenamente su camino.  De ella se ha dicho que es vieja y estéril. Por eso constituye el símbolo de la historia humana, llena de sequedades, de pecado y de infecundidad. Es la intervención de Dios la que la hace fértil, capaz de trascender a sí misma, de buscar la eternidad en la realidad concreta y pequeña de la rutina que nos ancla a lo real y a lo concreto. Juan, es entonces, el fruto maduro de la esperanza. Él será la imagen de los hombres que buscan a Dios y hacen caminos para que otros los recorran. Los profetas son eso, hombres y mujeres que abren puertas y senderos para acoger la esperanza de salvación.

En este contexto se aclara, todavía más, la figura de María. Ella da origen a la salvación hecha carne. No hay que esperar otras cosas, ha llegado el tiempo de la acogida. El momento de aceptar y optar por el seguimiento de Jesús, la promesa de Dios hecha carne en su seno.


Domingo 20 de  diciembre de 2015. (Lc. 1, 39-45)

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