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29 Ene2016

La misión es voluntad del Señor, no decisión de algunos

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario Episcopal de Pastoral Social
Vicario Episcopal Zona Costa
Párroco de Hualañé y La Huerta de Mataquito

El texto que se nos regala en este domingo es continuación del domingo anterior. Luego de ese momento que asombra a todos en la lectura del Profeta Isaías, Jesús dice que “hoy se cumple esta escritura”. Todos le expresaban aprobación y se admiraban, eso hasta que empiezan a darse cuenta que el mensaje de Jesús y su actuación se salen de ciertas normas que ellos manejan, como ocurre en tantas comunidades donde siempre se hacen las cosas de cierta forma, como hemos dicho en otra ocasión. Jesús se sale de los marcos religiosos tradicionales y de las frases repetidas por todos, no es de eslogan. Es de aquella palabra que se sitúa en una dimensión profética, que habla porque primero ha escuchado la voluntad del Padre Dios, que ama y sabe lo que necesitamos.

Jesús no se rinde ante una multitud que lo aclama y quiere “seguir escuchando las canciones conocidas”, sino que los incita a una actitud nueva, de conversión. Y ahí empiezan las descalificaciones: ¿no es éste el Hijo de José?, como si por eso ya no tuviera autoridad para interpelarlos. Sabe que esperan milagros como en otros lugares, pero no los realiza porque lo fundamental será la actitud de fe de ese pueblo no la curiosidad y el morbo que muchas veces te lleva a ver si triunfa o fracasa alguna persona en su cometido. Cuanta gente va la Iglesia a confirmar sus conocimientos y no a alimentar su vida, por eso encuentran mala la prédica de algún sacerdote, diácono o ministro, porque no coincide con un libro que leí hace muchos años atrás.

Creo que la actitud de Jesús no es de dar en el gusto a un pueblo, sino que dar lo que necesita ese pueblo. Para muchos seguramente es una falta de respeto decir que un pueblo requiere ser educado. Pero me parece que es fundamental hacerlo para que pueda decidir su camino con madurez. Hay veces en que un pueblo completo es injusto, porque se apoya en que la mayoría lo dice. La clave de la vida cristiana será siempre el discernimiento, no lo que dice la mayoría. El poder descubrir cuál es la voluntad del Señor para mi vida y para la de la comunidad. Eso implica escuchar atentamente, mirar la historia, tener un norte, para poder orientarse hacia esa meta. Para Jesús, la meta es el Reino de Dios, por lo tanto los criterios no son los de los hombres, lo dirá en varias ocasiones.

La sanación de los enfermos no es una estrategia para hacerse conocido, en casi todas las veces en que cura enfermos invita a los sanados a callar. La sanación es producto de la fe de aquellos que se han acercado a él. Y que además, están en sintonía con los atributos del mesías que esperaban y que leímos la semana pasada: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos caminan, etc.; es la instauración del Reino en el corazón de los hombres para que se instaure en el corazón del mundo como nos cuenta el libro del Sínodo diocesano en la parte que se trata la misión. Porque para Jesús lo fundamental será la predicación en todos los lugares, incluye en esto a todos los pueblos que no son judíos, aquellos que son enemigos como los samaritanos, o los de Tiro y Sidón. La tarea misionera de Jesús no sigue una lógica planeada por los hombres sino que surge del corazón mismo de Dios que es amor. Si ellos descubren esa lógica seguramente las relaciones humanas serán mejores, las decisiones que se tomen, la democracia misma, será mejor y más madura. Se trata de actitudes nuevas que manifiestan respeto, cercanía, amistad, servicio, gratuidad.

La palabra del profeta es una palabra que no siempre cae bien porque es un servidor de Dios y el servicio a los hombres será hacerles descubrir su propia vocación que a veces no es lo que quisiera hacer. Y seguramente ahí estará la respuesta, no es lo que yo quiero es lo que Dios quiere. La misión es tarea del Señor.

Cuarto domingo del año, Lucas 4, 21-30

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