P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Hoy en Chile se celebra el día de la Madre y en todas las Iglesias en las cuales se celebra la Eucaristía llegarán muchos hijos e hijas a recordar a quienes ya han partido, y muchas familias se encontrarán para compartir con su mamá, siempre es bueno reconocer ese cariño a toda prueba. Recuerdo que de niño el regalo era llevar en la solapa una flor roja para homenajear a tu madre en ese día y los que no la tenían usaban una flor blanca como recuerdo y expresión del amor que le tienes a tu madre.
La liturgia de este domingo nos invita a vivir la Ascensión del Señor, un acontecimiento que marca la mayoría de edad de los apóstoles, en lo que a su fe concierne, ya que superado el dolor de la muerte de su maestro en la cruz ahora se encuentran en una etapa en la cual iniciarán su propio ministerio de ser comunicadores de la Buena Nueva. Han sido testigos de todo lo sucedido con Jesús y tienen la experiencia del amor en su propia vida por lo tanto esa huella no puede borrarse. Animados por el mismo Señor son confirmados en la misión y reciben la promesa del Espíritu.
Al parecer hubo para los apóstoles muchas dificultades al inicio de su predicación: no aceptación, discriminación por no ser instruidos, divisiones por aquellos que a veces creen ser portadores de la verdad, etc.; pero la promesa de la fuerza que viene de lo alto los anima, les abre la mente y el corazón para que la creatividad aflore y se transformen en los evangelizadores privilegiados del Reino.
Para nosotros, que hemos recibido el testimonio de los apóstoles, es también una invitación a confiar en esa palabra que nos dirige Jesús. Somos los continuadores de la misión en cualquier lugar donde nos encontremos ya que su bendición es eficaz, hace lo que dice. Nos trae la paz, que es el saludo del resucitado y nos abre a la misión.
Este momento puede ser el tiempo del discernimiento para descubrir cuáles son los caminos y cuáles las estrategias que debemos usar para poder comunicar de manera atrayente y creíble la Buena Nueva del Señor. Acabamos de hacer nuestro Plan Pastoral, que es una herramienta que permite a la Iglesia diocesana concretar los llamados del Sínodo diocesano. Es el momento de descubrir que hay actividades muy bonitas y piadosas, pero no efectivas a la hora de llegar a los hombres y mujeres del siglo veintiuno. Hoy es necesario salir, estar en la vida de las personas con preferencia los pobres y excluidos porque el evangelio es una invitación a mejorar las condiciones de vida en todos los lugares del mundo. Por lo tanto amerita un compromiso con las realidades de injusticias y violencias, con las situaciones de los migrantes y la trata de personas, con la superación de los sufrimientos por causa de deudas en varias veces el sueldo de un trabajador.
Pero es momento de agradecer al Señor porque su Ascensión no es un irse para alejarse sino que para estar más dentro del corazón de los fieles y de su Iglesia. Es su apertura a todas las realidades y a todos los rincones del mundo que necesita el amor de Dios que es un amor de Padre y de Madre, firme y tierno.
La Ascensión del Señor. Lucas 24, 46-53.