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19 Oct2014

Con honestidad se ven las cosas claras

p luis vaccaroP. Luis Vaccaro Cuevas
Profesor de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule.


La actitud negativa de los fariseos frente al Reino de Dios que es la presencia de Jesús, se ha mostrado claramente en las parábolas antecedentes a  esta lectura, bajo las imágenes de los invitados descorteses, de los viñadores asesinos etc. Ellos han sido puestos en evidencia respecto de la apreciación que hacen de Jesús, y hoy, en este texto que la Iglesia nos propone en la liturgia dominical, formulan una pregunta llena de ambigüedades. Es una pregunta que encierra deshonestidad, no se quiere recibir de Jesús, la palabra que ilumine un discernimiento sobre el lugar que ocupa Dios y el Emperador en la vida del pueblo, se desea ponerlo en aprietos para que pueda ser acusado ante la autoridad, si su respuesta fuese inadecuada.

Dada la naturaleza del problema los fariseos se hacen acompañar por los herodianos, una facción claramente pro romana. La presencia de estos judíos pone de relieve lo complejo del problema al que quieren enfrentar a Jesús. La respuesta del Maestro tiene una buena dosis de ironía, según la versión de San Mateo. Jesús hace que los fariseos miren la figura del  Emperador Tiberio en la moneda, allí estaba escrito “Divino y Sumo Sacerdote”; esto repugnaba a los piadosos cumplidores de la ley. Luego Jesús habla con la libertad del que sabe que lo que dice nace del querer de Dios, lo expone con la autoridad del que no teme a las trampas pues en él no hay mancha que opaque la veracidad de lo que dice, y por ello la sentencia es clara “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. El Señor no tiene ningún inconveniente en conceder a las autoridades políticas la esfera que les corresponde, los títulos del Emperador tienen fundamentalmente la intención de afirmar su autoridad y su poder. Lo que no es discutido por Jesús en ningún momento. Sin embargo lo que no está permitido es la hipocresía con la que se plantea el problema: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Son los fariseos los que han desplazado el verdadero sentido del discernimiento, con su mentira y sus malas intenciones encubiertas. No buscan conocer la voluntad de Dios, sino satisfacer sus deseos de perjudicar la imagen de Jesús.

El problema central, es no escapar de la tarea ineludible de todo creyente: tal es, aquella de discernir, de modo permanente y concreto, la presencia del Reino de Dios en la vida y asumir sus exigencias. No está libre de este empeño el campo político, como lo ha dejado claro el Señor, pero tampoco el religioso. El reinado de Dios que Jesús trae es presencia y acción de Dios en todas las realidades humanas, sin ninguna excepción. El hombre y su quehacer pertenecen al Creador que los cuida y sostiene respetando la libertad y la autonomía que son dones otorgados por Él. Por ello el verdadero discernimiento sobre cualquier realidad que el hombre se plantee debe ser hecho desde un corazón puesto en los valores del Reino. Sólo desde allí podrá ver con claridad los caminos de Dios en la vida. Sólo así se podrá empeñar en la tarea fecunda de recorrerlos, sin engaños ni cegueras, sino con la firme convicción que da la confianza de descubrir la cercanía del Señor que nos invita a asumir nuestra vida completa en clave creyente.

Domingo 19 de octubre de 2014.  (Mt. 22, 15-21)

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