P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Hoy vemos que Jesús descansa en este caminar hacia Jerusalén. Se queda en la casa de su amigo Lázaro, donde sus hermanas Marta y María se esfuerzan para que se sienta a gusto y cada una de ellas se esmera: una en la atención que se da en todas las casas de Chile en la cual el cariño se expresa por la comida y la otra en la atención a su palabra y a lo que pudiera ser importante en lo que respecta al compartir la vida con los que se quieren.
Seguramente a muchos les pasa lo mismo. En la tarea sacerdotal siempre nos encontramos con visitas en las cuales algunos quieren que esperes un rato para tomar oncecita, u otra comida y otro acompaña al Padre para que no se aburra. La acogida es un valor fundamental en el pueblo de Israel, eso lo vive Abraham cuando recibe a los mensajeros que van hacia Sodoma. Los atiende con lo mejor que tiene, es más, sería una ofensa no recibir la atención que se les presta al llegar a su campamento.
Sería importante que cada uno de nosotros pudiéramos revisarnos en lo que esto significa en el día de hoy ya que, con el tema de las desconfianzas, la delincuencia, los aprovechamientos de algunos; ha hecho que muchas puertas se cierren y ya no le abren ni a los misioneros que traen una Buena Noticia.
El estilo de vida apurado y muchas veces los trabajos alejados de las casas hacen que solo se llegue cansado y preocupado de sí mismo, sin pensar que tenemos vecinos, familia que vive junto a uno que no le preguntamos ni siquiera cómo está. Creo que vale la pena convertirnos en esta situación.
Y por otro lado, es muy importante, de cara a Jesús, que podamos escucharlo con la misma atención que le presta María. Para poder entender lo que nos quiere transmitir en su palabra y en su acción. Muchas veces por no escuchar, no acoger a Jesús, hacemos las cosas mal. El domingo anterior, reflexionábamos acerca de la ley: los fariseos y letrados se quedan con lo accesorio, se saben los rezos, las posturas corporales y no el amor que hace que un samaritano se ensucie ayudando al herido del camino. Eso dejó como conclusión en algunos cristianos que “al padre no le gusta que nos arrodillemos ni nos persignemos”; eso sucede cuando nos llevamos moviendo mucho y escuchamos algunas cosas, se termina tergiversando el sentido profundo de lo que significa escuchar al Señor.
Espero que hoy nos sentemos y con atención escuchemos qué nos dice Jesús y luego realicemos toda la tarea que sea necesaria para que podamos de verdad ser testimonio de vida verdadera y buena.
Ahora bien, también debemos saber dónde habla Cristo. Porque no es una cosa fácil. Estamos invitados a tener una actitud permanente de discernimiento para responder a las grandes necesidades de los hombres y mujeres de hoy. Como lo dijimos en varias ocasiones anteriores: atención a la palabra revelada, la Biblia; especialmente los Evangelios. Atención a lo que sucede como grandes gritos de la gente, como son los estudiantes, los trabajadores, los pescadores, los mapuches, los campesinos, los profesores, los trabajadores de la salud, la vida familiar, para desde el evangelio y el compromiso de aquellos que escuchan como María, podamos luego ponernos en acción como Marta.
Y por último, una llamada de atención a muchos que se sientan a escuchar muy atentamente y luego no hacen nada. No son ni Marta ni María.
Domingo 17 de julio, Lucas 10, 38-42.