P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
En este domingo estamos regalados con una palabra rica en ejemplos con los cuales todos nos sentimos identificados o bien sentimos la llamada del Señor a tener claridad en lo que queremos ser y vivir.
Somos un pequeño rebaño, no podemos creernos súper poderosos dentro de una sociedad plural. Los de Cristo, ni siquiera sé si nombrarme así, deben tener actitudes muy definidas y por esa razón es un pequeño rebaño y no una gran masa o pueblo. Ya que en la verdad de las cosas los que son coherente con todo el evangelio son contados con los dedos de la mano. Somos pequeño rebaño porque el poder que ejerce el dinero en las personas es tan grande que siempre hay otras cosas más entretenidas que realizar y no sentarnos a escuchar a Jesús y su evangelio, y eso reduce más todavía a los seguidores del Maestro. Delante de todas las potencias que dominan la vida de los hombres y mujeres del mundo somos un pequeño rebaño. Pero aquellos que lo conforman saben dónde está la riqueza mayor. Han encontrado que lo inmediato no salva sino aquello que mira hacia el cielo.
En este mes de la solidaridad podremos ejercitarnos en cada una de las obras de misericordia que nos permiten atesorar en el cielo, ya que a pesar de todo lo que el dinero provoca en las personas hay todavía algunos, un pequeño rebaño que piensa en servir, en construir capillas para comunidades, dar su tiempo para acompañar a los viejos de la calle, o preparar alimentos en los comedores de las parroquias para compartir con quienes no han tenido trabajo en este tiempo de invierno.
Un tema importante que toca este evangelio es el de no quedarse dormidos. Puede suceder que uno se acostumbre a vivir según el ritmo de la música que nos toquen, vivir de manera superficial, mecánica, rutinaria, masificada. A veces por cansancio, desesperanza, no ser tomados en cuenta, con el paso del tiempo los proyectos, las metas y los ideales de mucha gente terminan apagándose. Es por esa razón que Jesús nos invita a estar siempre vigilantes, atentos para responder de manera digna. En estos tiempos de masificación, de encierro en las casas, de trabajos largos y tiempos excesivos de viajes muchos se pierden de la vida de la comunidad y se abandona la vida de fe. Para los agentes pastorales es un momento de crisis también, porque ven su esfuerzo en vano, tanto que preparan, se mueven de un lugar a otro de la parroquia para que no llegue nadie. Es un momento de afirmarse fuertemente a la vida de oración y a tener un espíritu de donación para que nos demos cuenta que lo que hacemos es verdaderamente útil, no como simple eficiencia en los trabajos bien preparados y entregados sino como gestos que salvan a la humanidad.
Jesús en su vida experimentó el fracaso y de hecho termina solo y crucificado. Pero ha atesorado en el cielo, ha tenido paciencia y servicio hasta el fin. Le ha dado sentido a su vida aunque otros no lo comprendieran. Ha aportado felicidad, nos ha legado las bienaventuranzas, la oración del Padre Nuestro que es una síntesis de todo lo que debemos pedir, nos ha aportado gratuidad, caminos nuevos para llegar hacia el Padre.
Domingo 7 de agosto, Lucas 12, 32-48.