P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Hoy es un hermoso día en nuestro país ya que los aires frescos y el cielo más azul nos anuncian la llegada de la primavera. Además todo el ambiente está festivo en las ciudades de nuestro país. Cada casa se ha adornado y las familias se preparan para reunirse y celebrar un acontecimiento que desde el año 1810 recordamos: un puñado de hombres y mujeres de nuestra patria dieron inicio al primer movimiento de independencia de la corona española, a la cual estábamos sometidos. Si bien es cierto, la Independencia definitiva se firmó en nuestra querida ciudad de Talca muchos años después; ese 18 de septiembre quedó grabado en el corazón de los habitantes de esta larga y angosta faja de tierra como nos llama el escritor por la forma en que hemos quedado inscritos en el mapa, separados del mundo por la Cordillera de Los Andes y por el inmenso Océano Pacífico.
Seguramente aquellos que iniciaron ese movimiento, movidos por su fe y con esperanza en lo que habría de venir tuvieron grandes ideales que marcaron sus decisiones. Es posible y la historia lo dice que hubo algunos personajes que no miraban el bien de una nación sino el suyo propio. Pero la mayoría de quienes participaron no tenían otro ideal más que la libertad y la autodeterminación de su propio destino como país.
Creo que debemos rendir homenaje a tantos y tantas que nos han permitido vivir en este tiempo con el progreso que conocemos y a pesar de las grandes dificultades que conocemos, ya que es el tiempo de aquellos que vamos haciendo historia día a día con el trabajo y el estudio.
El texto bíblico de hoy nos impulsa a tomar decisiones fuertes y firmes en una dirección clara, y eso implica que nuestra formación humana tenga presente a Jesucristo que no tiene la lógica del máximo beneficio por el mínimo de costo, sino que su lógica es “el máximo de servicio aunque nos cueste la vida”. El desarrollo verdadero no pasa únicamente por el tema material, sino que tiene que ver con la formación en valores que trasciendan y que se ponen en práctica día a día.
Muchos se preguntan en estos días qué es la chilenidad, y algunos pastores entre ellos el cardenal Silva Henríquez nos decía que Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento; no pasa únicamente por la chicha y la empanada, por el elevar volantines o cultivar tradiciones que ya no existen, sino que en saber cultivar la acogida, el servicio, la solidaridad que están presentes por ser un país permanentemente en reconstrucción debido a los terremotos y a los temporales. Con lo que hoy se vive, ya no se hace trilla a yegua suelta, no se siembra trigo como antes para que nos pidan la misa de la espiga; eso es recuerdo pero nos queda el sentido de agradecer a Dios los nuevos dones, la ayuda a los vecinos en su cosecha para luego venir a otra.
Es tiempo de campañas políticas, pidamos al Señor que sean hechas en paz, que traigan propuestas para crecer y no las noticias negativas del otro candidato. Que podamos re-encantarnos con la vocación específica de los laicos que es la política, no la podemos rehuir, es lo que debe hacer toda persona, pero por malos testimonios se vence y se desvanece el deseo de participar.
Domingo 18 de septiembre, Lucas 16, 1-13.