P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
“El último domingo de Septiembre, la Iglesia celebra el ‘Día de Oración por Chile’, pues tenemos la certeza que un país que quiere ser una patria justa y buena para todos no se construye sin oración. En este día oramos poniéndonos bajo la protección de Nuestra Señora del Carmen, Madre de Chile. Nuestra Eucaristía expresa nuestra gratitud al Señor por su presencia en la compleja vida de nuestro país, expresa nuestro compromiso para seguir abriendo los caminos del Evangelio en la vida de nuestro pueblo, y expresa nuestra oración para construir con él un país donde –para todos- ‘haya pan, respeto y alegría’”. Esta introducción del folleto “El Domingo, Día del Señor” nos da el contexto en el cual hoy nos habla el evangelio de Lucas.
Ya el domingo previo, en fiestas patrias nos invitaba a contemplar esa invitación de Jesús de saber administrar los bienes injustos para ganar amigos en el cielo. Es una frase que me dejó pensativo y me invitó a descubrir cómo se puede ganar amigos con el vil dinero, o dinero injusto, ya que no se puede servir a dos señores, o amará a uno y odiará al otro. Pero complementando ambos textos y viendo la suerte corrida por Lázaro y el rico podemos ver que todo depende de aquello que buscamos como país: transparencia, servicio, equidad, educación; seguramente hay muchos otros elementos que nombrar.
Una actitud de servicio implica que yo no soy dueño de las cosas, soy un simple administrador. La doctrina social de la Iglesia nos dice que sobre todas las cosas hay una hipoteca social. Todo es para el bien de los hombres y mujeres de este mundo, por lo tanto implica una disposición de hacer que lo bienes alcancen para todos. Y esto nos recuerda que una gran brecha existente en nuestro país es aquella que se da entre los ricos y los pobres. Ya don Carlos González, obispo de Talca, a quien recordamos hace unos días, nos ponía en alerta ante esta situación en una de sus últimas cartas. Cuando esto ocurre, la brecha inmensa, lo más probable es que aumente la delincuencia y, además, vaya creciendo el desencanto que provoca violencias dentro de cualquier sociedad.
Ser un buen administrador de los bienes injustos implicará tener claridad en qué se gastan los dineros en cualquier ámbito, ya sea eclesial, vecinal, deportivo, de gobierno, etc. La transparencia es algo que todos piden para poder poner su confianza en diversos proyectos que traen mejor calidad de vida a los ciudadanos: caminos pavimentados en sectores rurales, agua potable y alcantarillado, mejores sistemas de previsión y de salud para todos.
Una buena educación permite que seamos constructores de una nueva cultura en donde nuestra confianza en Dios y en las personas nos llevará a sacar lo mejor de cada uno para el servicio de una sociedad que requiere constructores, médicos, agricultores, investigadores, artistas, etc.; una educación de calidad permite a todos mirarnos como hermanos, donde no hay alguien superior por nacer en tal o cual lugar o familia, sino que la educación permite que todos nos podamos mirar bien, de manera horizontal y de esa manera saber que las puertas del cielo se abren solas para entrar a gozar de la alegría del Reino. El rico no supo administrar el injusto dinero y se perdió el reino. El pobre, por ser pobre, fue reconocido por Dios. Muchos podemos ganar ese lugar, o bien buscarlo aquí en la tierra viviendo lo anunciado por los profetas o enseñado por nuestros pastores.
Que nuestra oración haga crecer a nuestra patria, animada y dirigida por buenos dirigentes que busquen el bien de todos.
Domingo 25 de septiembre, Lucas 16, 19-31.