P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Nos sentimos en este domingo interpelados en nuestra fe y su respuesta en lo concreto. Muchas veces se nos dice que la fe y la vida debe ser una sola. Para algunos, principalmente políticos o personas vinculadas a los negocios, la fe es solo un asunto personal que está arrinconado a lo individual y a lo meramente cultual; es decir, es algo que se vive en el día domingo y luego el lunes y todos los demás días son para dedicarse a lo que realmente interesa y sin importar lo ético o los llamados que se descubren cuando hay encuentro con Jesús. Por esa razón será que también se quiere erradicar las clases de historia, de filosofía y religión de los colegios: para que se formen solamente personas con tecnología y ciencia sin espíritu; para que únicamente puedan ganar dinero y no tengan ningún compromiso con la vida personal y la de los demás.
Me parece que es muy necesario el conocer la historia para reconocer los grandes valores que una comunidad posee y también para reconocer las debilidades en las cuales se debe crecer. Es una materia importantísima el saber pensar la sociedad que queremos construir para de ese modo concretar en tareas que perduren y que le den sentido a la vida de todos. Y es muy importante el mirar hacia el mundo espiritual, hacia el Reino de Dios que está más allá de lo que vemos, cultivando la propia vida.
Esta petición de los discípulos es una petición muy actual, no he visto gente más creyente que la de estos tiempos, en distintas expresiones religiosas o filosóficas, en visiones místicas en algunos lugares de la tierra. Todo ello muy respetable pero muchas veces sin una disposición a entrar en la “vida” del mundo en que se vive.
Me parece que es siempre importante recalcar que nuestra propuesta no es un asunto religioso solamente, sino que la fe en una persona como es Jesús, tiene que ver con el hacerse discípulo-misionero al igual que él. Cuando el Señor habla luego de la pregunta por la fe, lo que les propone es una forma de vivir agradecidos de todos por lo que han hecho y agradecidos por haber podido realizar esa tarea. Es un estado de relaciones humanas nuevas y que brotan del hecho de la fe. De la confianza plena en que cada uno pone en la mesa y eso significa trabajo, cercanía, amistad, respeto, tolerancia, etc. lo que ha conocido de su maestro Jesucristo.
Es decir, la fe no puede ser sino un movimiento del corazón del hombre que hace presente a otro, que lo vive en todas las realidades con unos valores que parten del corazón mismo de Dios que nos ama.
No es expresión de fe únicamente el quedarnos en la velita prendida en el altar, o en las flores blancas o de colores para la virgen, el arrodillarnos o estar de pie durante la consagración, el saberse todos los rezos o no. Seguramente a algunos les cae mal esta parte, lo entiendo porque una liturgia debe ser bien vivida y dialogada con la participación de todos. Pero ante el conocimiento intelectual de historia religiosa y de algunas cosas que ha hecho Jesús, no puedo sino quedarme con tantos que hacen el bien sin tanta cultura religiosa, gente que ha sabido reír en su breve paso por el mundo, hombres y mujeres que se sitúan sirviendo para que todos sepan lo que es ser más humano, lo que es ser más divino y que mantengamos la esperanza, que tengamos la certeza de que todo lo que creemos se cumplirá.
Como lo hemos dicho en muchas ocasiones anteriores, la oración será el filtro que permitirá que nuestra fe se haga vida de manera plena, nos permitirá discernir las actividades pastorales a realizar, nos ayudará a debatir una ley importante para la nación o para los ordenamientos locales o municipales. Será la oración que permite vivir nuestra fe, la que nos dará claridad a la hora de participar en las próximas elecciones.
Un saludo inmenso a todas las familias que durante esta semana podrán dedicar un tiempo a la oración juntos, a actividades que les hagan crecer y quererse más.
Domingo 02 de octubre, Lucas 17, 3-10.