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07 Oct2016

Dar gracias a Dios

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito

Continuamos acompañando a Jesús en su caminar hacia Jerusalén. Hoy lo podemos ver en un encuentro con diez leprosos. Enfermedad muy grave y contagiosa. No hay curación para ella a no ser una intervención divina. Lo cual estaba prescrito en la ley. De hecho, Jesús, al realizar la sanación les invita a cumplir lo que estaba mandado.

Los leprosos son hombres y mujeres que deben permanecer lejos de la comunidad, por motivos de higiene y salud, pero no deja de ser doloroso el que tengan que vivir escondidos de todos, excluidos de toda actividad social y además avisando con una campanita su paso para que todos se arranquen de ellos y así no ser contaminados, algo que ya hemos comentado en anteriores domingos.

Al escuchar que el Profeta famoso estaba por ahí le gritan a coro: “Ten compasión de nosotros”, y Jesús los envía a presentarse en el templo para verificar la sanación y de esa manera poder integrarse en la normalidad. Todos parten, pero uno de ellos se da cuenta de lo que ha ocurrido y vuelve de inmediato alabando a Dios y agradeciendo a Jesús. Me imagino que es la reacción lógica del que se siente liberado de un mal tan grande. Su júbilo lo expresa de esa manera y al parecer su vida quedará ligada para siempre a la de Jesús ya que él ha sido quien ha mediado para su curación. Podemos pensar en tantas lepras que nos tenían alejados de los demás, los miedos a presentarse como uno es, con sus debilidades; el querer ser autorreferente, el querer ser el centro de las cosas para figurar, el tener prejuicios que alejan a los otros de uno, etc. Y cuando hemos conocido al Señor, hemos sanado de todas esas situaciones porque Jesús nos integra, nos hace estar en comunión con otros que son de distinta situación social, educacional, política y cada uno se siente parte de ese grupo de los amigos de Jesús como son los apóstoles o los discípulos.

Luego de la sanación de los leprosos, podemos mirar a los nueve que no volvieron, que se perdieron lo extraordinario de su propia sanación, ¿será posible creer que sanar de algo tan grave pase como un simple rito religioso, como una actuación casi obligatoria de Dios para mí? Porque ellos se quedan en lo establecido que seguramente será una verificación notarial, por decirlo de alguna manera, y no en la celebración dichosa porque el Señor se ha acordado de nosotros. Mucha gente vive de manera rutinaria sin darse cuenta de los grandes signos de presencia y cercanía de Jesús en medio nuestro. Pero sí hay muchos, principalmente los pobres que saben hacer fiesta en todos los momentos de la vida.

Durante este mes, los misioneros visitarán los hogares de los más alejados para contarles que Jesús, el mismo con el cual ellos se encontraron, quiere acercarse a esas familias para decirles que los quiere, que siempre ha estado cerca, que a veces la rutina, los problemas, nos han impedido darnos cuenta de su presencia y amistad. Será un tiempo para sanar de muchos dolores, para ser bendecidos y hacerle en nuestro hogar un rinconcito en el altar y en la vida entera. La misión es un regalo que nos sana de las lepras que muchas veces hemos tenido y nos permite volver donde Jesús para alabarlo y agradecerle el don que nos ha hecho.

Podemos dar gracias, además por la familia, por nuestros padres y madres, hermanos y todos los que tenemos a nuestro lado y que nos enseñan y fortalecen para ser buenos cristianos y para experimentar la fuerza del amor de Dios.

Domingo 09 de octubre, Lucas 17, 11-19.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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