P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Como ya lo dijimos el domingo pasado, hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Este tiempo nuevo se llama Adviento y dura hasta el día de Navidad. Se usa el color morado en la liturgia para expresar que estamos en tiempo de espera y será importante entonces poner atención a lo que se nos viene con una actitud positiva y participativa.
El Evangelio de San Mateo nos invita a estar vigilantes para saber descubrir esta venida inminente del Hijo del Hombre y no quedarse fuera como en tiempos de Noé, que nadie se dio cuenta y al venir la lluvia se los llevó a todos y solo se salvaron los hijos de Noé junto a su padre.
Desde los primeros tiempos se creía en la inminente vuelta de Jesús a los suyos, en una forma tal que en algunos lugares se quedaron sentados sin hacer nada, tanto que San Pablo debió ser duro con aquellos que ni siquiera trabajaban por que llegaría el Reino de Dios.
Para otros es un momento terrible de destrucción, como lo hemos comentado en domingos anteriores y por esa razón algunos piensan en el fin del mundo.
En este tiempo de Adviento muchos niños y niñas están preparándose para comulgar en su “primera comunión”, algunos no entienden todavía que la espera del Señor es más que este momento litúrgico. Comulgamos verdaderamente con Jesús en la Eucaristía, pero lo vemos llegar además cada día en tantas situaciones que nos mueven a realizar gestos de amistad con las personas, como son los pobres de nuestra sociedad, los enfermos, aquellos que son excluidos en muchas situaciones de la participación humana como por ejemplo la nacionalidad: tantos que deben migrar de sus países por nuevas oportunidades laborales, de crecimiento humano. Nuestra región se ha transformado fuertemente en una gran puerta que se abre para hermanos que trabajan provenientes de otros lugares, siendo un aporte al enriquecimiento cultural de nuestra región.
En esas personas Cristo está viniendo a visitarnos y a veces actuamos rechazando esta visita porque nos quita trabajo o nos quita nuestro espacio, la invitación será siempre a tener una disposición evangélica para darnos cuenta de que es Cristo que llega.
Este tiempo de vigilancia implica una disposición a darnos cuenta dónde está el Señor y también cada persona se constituye en otro Cristo cuando tiene la intención de hacer lo mismo que Cristo haría. Un hombre o mujer que espera a Jesús se hace otro Cristo para los demás por lo tanto es también el desafío amable de disponernos a servir de manera desinteresada, con el único afán de que otros se hagan partícipes, se conviertan a este reino. Nuestra fe debe estar siempre despierta, o si no somos solamente un montón de personas ritualistas, dedicadas a hablar de cosas buenas, pero no las vivimos y eso seguramente ha hecho que muchas personas se alejen de la vida de la Iglesia.
Es cierto que no somos una institución para entretener, pero el ardor del amor del Señor siempre logra que el espíritu de las personas se transforme en misioneros, en agentes de la bondad del Señor cuando estamos atentos, vigilantes para darnos cuenta de dónde está viniendo el Mesías. Eso requiere estar despiertos, requiere oración contemplativa para ser misioneros de esperanza.
Domingo 27 de noviembre, Mateo 24, 37-44.