P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Continuamos leyendo el evangelio de Mateo y seguimos, además, con Juan el Bautista, pero que ahora está preso por Herodes y allí escucha hablar de Jesús y de sus obras. Al parecer se siente un poco confundido porque los signos que el Maestro de Galilea ha ido realizando no son los que él había predicado de manera tan fuerte y decisiva en el desierto. “Ya se encuentra a la puerta el que juzgará a Israel, tiene en su mano el hacha”, “ya se acerca el fuego abrazador”, etc. Lo que Jesús ha ido haciendo se lo comunica a los mensajeros de Juan: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
Pareciera que el Profeta se ha defraudado un poco del Mesías, no tiene esa fuerza como la que él ha puesto en toda la preparación previa de un pueblo bien dispuesto.
Me viene a la mente tanta gente que quiere manejar a Dios. Si no está en sintonía con lo que yo creo y siento que debe hacer, se siente defraudada y muchas veces tiene crisis en su fe. Mucha gente bien de iglesia espera que les prediquen lo que siempre se ha predicado, no esperan algo nuevo, cuando eso pasa es como un crimen, les han cambiado algo y reclaman.
Pero Jesús realiza los signos mesiánicos que están en sintonía con toda la revelación, lo que se anuncia en el profeta Isaías se cumple en su persona.
El camino de Jesús es optar por un estilo de paz, de cercanía, de hacer que el hombre se descubra hijo de Dios, así como él lo ha hecho. Es un camino que va desarmando poco a poco de las seguridades falsas. El amor de Dios hace desaparecer los miedos que nos hacen ponernos máscaras y aparecer ante los otros apoyados en el poder o el tener. Cuando lo que nos hace mejores hombres e hijos de Dios será el buen trato y desapego a toda riqueza.
Para mucha gente es incomprensible esta opción, algunos dicen que nunca queda mal con nadie. Pero si en esa forma ha logrado que entren en el Reino los pecadores más grandes del pueblo, el centurión que ha visto sanar a su hijo, los que han sanado de diversas enfermedades. El Reino se conquista con amor no con terror, ni con el temor de aquellos que deben salvarse. Espero que nuestra opción sea siempre el camino de la misericordia por encima de la opresión en cualquier expresión.
Luego, Jesús se queda alabando a Juan, les dice: ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta, él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti”. Es la lógica del amor, un amor verdadero que sabe destacar el servicio realizado por Juan, que lo rehabilita ante la comunidad. Que no lo deja en el olvido como alguien que perdió en su misión: en el anuncio del libertador y en la muerte que sufrirá. Es como un anticipo de su propia pasión, de su camino que se teje del mismo modo, en el anuncio del Reino que se cumple con su presencia.
Que podamos siempre valorar el trabajo de las personas, que siempre sepamos preguntarnos acerca del don que habrá recibido un amigo, mi vecino, ese joven, o un niño; porque siempre surge como primera visión de los otros un defecto, un pelambre mal intencionado, un desvalorar el trabajo que hizo el anterior, todo estaba malo o bien, ahora todo se comenzará a hacer.
Hace algunos días en todas las comunas asumieron los nuevos alcaldes y concejales, pidamos por cada uno de ellos para que trabajen en equipo buscando el bien de sus respectivos territorios y sabiendo que no empiezan algo nuevo, continúan con algo que otros han realizado. Eso nos enseña el evangelio de hoy.
Domingo 11 de diciembre, Mateo 11, 2-11.