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03 Mar2017

Cuaresma, tiempo de conversión

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles

Hemos iniciado un tiempo nuevo en la vida de nuestra Iglesia Católica: la Cuaresma. Es una ocasión propicia para mirarnos cada uno y descubrir junto a Jesús en su ministerio de amor y anuncio del Reino aquellos lugares de la propia existencia en los que debemos crecer. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma nos indica que “es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”.

Recuerdo muchas escenas de la vida diaria en las familias en las cuales se proponen diversos “sacrificios” para honrar este tiempo y en él se incluían dejar de comer pan, dejar de tomar o de fumar, dependiendo de los distintos hábitos de las personas; y de hecho muchos cumplían devotamente esos compromisos. Pero recuerdo que después de las fiestas pascuales se comían, se tomaban, se fumaban todo lo que no habían podido hacer en Cuaresma. Eso revela que muchas de las costumbres de nuestra vida son solo eso: “costumbres”; que no tienen una repercusión en la vida diaria o mejor dicho: nuestra vida de fe no alcanza a tocar la vida diaria y solamente nos conformamos con cumplir algunos ritos religiosos. Pero, lo hemos repetido en varias ocasiones, la vida cristiana no son preceptos a vivir en lo cultural. Son opciones de vida, de estilos que marcan mi existencia y las de una sociedad. Es por eso que el papa Francisco nos ha repetido en varias ocasiones que “más vale ser ateo que un mediocre en la fe”.

El evangelio de las tentaciones de Jesús nos ayuda a mirar donde está el centro de nuestra búsqueda. Todo está basado en la Palabra de Dios, en la ley que se inscribe en el corazón y sabe discernir lo que una persona cualquiera vive cuando tiene mucho amor en su historia.

Las tentaciones de Jesús están marcadas por lo religioso, y muchas de nuestras propias tentaciones también, incluso la de los que creen que no creen, que son mucho más conservadores que los que creen.

El demonio actúa de manera muy sutil, no como en las películas o lo que hemos visto en las noticias en estos días. No me imagino al demonio en una casita, sí en las grandes decisiones de los pueblos, en las conversaciones que cada ser humano tiene para poder conocerse y reconocer los talentos que posee y que muchas veces el demonio le oculta o le hace dudar.

La fuerza del mal actúa en el corazón del hombre y del mundo. Le impide ver que tiene futuro, le impide creer que puede recrear todas las cosas para hacer surgir el Reino de Dios.

Jesús se aferra fuertemente a su Padre, que está expresado en la palabra y se mantiene fiel a su deseo de darse, de servir. Cuando caemos en la tentación de cuidarnos, de buscar la propia seguridad, lo más probable es que ocurra lo que en muchos momentos de la historia ha sucedido: que vemos enriquecimientos ilícitos, aprovechamiento de las personas, tratar de siempre quedar bien delante de los demás sin importar los demás.

Pidámosle al Señor que durante este tiempo de Cuaresma que iniciamos, podamos descubrir nuestras debilidades para fortalecernos espiritualmente. Que ayunando de odios, de soberbia, de injusticia, podamos resucitar a una comunidad de hermanos, de servidores y de misioneros al estilo de Jesús Resucitado.

Domingo 05 de enero, Mateo 4, 1-11.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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