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16 Nov2014

Somos responsables del crecimiento del Reino

p luis vaccaroP. Luis Vaccaro Cuevas
Profesor de la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule


La parábola con que la Iglesia nos invita a penetrar en el mensaje de la Palabra, este domingo, ofrece una imagen bastante clara de lo que significa nuestra responsabilidad en el crecimiento y la calidad de nuestra vida creyente. El reparto desigual que un hombre rico hace de su dinero entre diversos servidores de su casa, tenía el objeto, y así lo relata la parábola, de hacer fructificar el capital que les había confiado. Fija el monto entregado según la capacidad y la habilidad de los interesados. Los dos primeros criados, según el relato, duplican la cantidad confiada, no se señala el modo porque no interesa a los fines didácticos de la parábola.

El paso siguiente e inmediato es la alusión  a la recompensa que reciben los servidores “Entra a participar del gozo de tu Señor”, sin duda es una referencia a la vida eterna. Por ello el que así habla es imagen del único que puede actuar como juez: el Hijo de Dios y la calificación de “poco” referido a los talentos, se produce porque están siendo comparados con los bienes infinitamente superiores del Reino. El tercer siervo deja sin producir intereses la cantidad de dinero que le fue confiada, y además se defiende argumentando de manera insolente. No se ha atrevido a correr el riesgo. Ha defraudado las esperanzas que el Señor tenía en él. El contaba con ese dinero, pero la incapacidad de afrontar el riesgo del otro lo ha hecho perder su capital. No es que haya robado, pues devuelve exactamente lo que se le entregó, sino que no ha tenido el valor de afrontar los desafíos que suponía una posible ganancia. De allí se derivan dos órdenes dadas por el Señor: la primera es quitarle al que tenía un talento lo que tiene, y dárselo al que tiene diez, lo que supone que los otros ya habían hecho entrega de sus talentos al Señor. Ambos gestos intentan poner de relieve, en primer lugar la condenación del siervo incapaz de hacer más productivo el capital. Lo que sirve de introducción al corazón que nos otorga la clave de interpretación de la parábola: “porque a quien tiene se la dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene”.

A primera vista la parábola, puede parecer ligada a una simple enseñanza sobre la importancia de nuestras obras, pero esto es ciertamente parcial. El tema central es la acogida activa y operante que hacemos del Reinado de Dios en nuestra vida, no es el simple empeño que pongamos en desarrollar tal o cual carisma o gesto sino en descubrir de que manera aceptamos el don de la salvación, como algo que dinamiza y pone en otra clave nuestra vida, para que nuestros discernimientos y decisiones puedan expresar adecuadamente la presencia de Dios en nuestro concreto vivir.

En cambio, en la figura del siervo incapaz, se representa el miedo que hace de la fe un simple conjunto de deberes y normas, en que se entrega lo que no suponga riesgo. Aquello que puede acomodarnos a nuestros propios esquemas, sin salir de ellos. La fidelidad de la fe supone todo lo contrario, asumir los riesgos del discernimiento y de los caminos nuevos porque confiamos en el Señor que cuida de la vida y nos la ha entregado para hacerla presencia de su Reino en medio de los hombres que buscan su rostro.

Domingo 16 de noviembre del 2014. (Mt. 25, 14-30)

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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