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21 Mar2017

Jesús, el agua que apaga toda sed

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles

Un largo texto se nos regala en la liturgia de este domingo. El encuentro de Jesús con la Samaritana que llega a sacar agua del pozo, era la hora del mediodía, es uno de los pasajes más hermosos en los cuales Jesús se muestra tan cercano en una situación trivial, con una persona que no es creyente y además con el agravante de que es mujer y en ese tiempo no era muy bien visto ese tipo de encuentro.

Si el domingo anterior descubríamos cuál era el rostro verdadero de Jesús, hoy podemos conocer su interior, porque la espiritualidad es el poder expresar en lo más concreto aquello que está en nuestro corazón. Es explicitar nuestra fe.

Jesús actúa como Dios, haciéndose cercano, compartiendo el cansancio como todos los hombres y entrando en la vida de ellos para sanarlos y saciarlos de un agua que hará que nunca vuelvan a tener sed.

Es un encuentro con el verdadero Dios. No con el que muchas veces nos hemos creado y contra el cual se han rebelado sociedades y filosofías. Tengo la impresión de que todos los no creyentes son personas que no han tenido verdadero encuentro con el Dios de la Samaritana que va a sacar agua del pozo, con Zaqueo, con Nicodemo, sino que han aprendido teóricamente y de la práctica “piadosa” de personas que antes de mostrar el rostro de Jesús nos muestran los libros de leyes y todo lo que hay que cumplir por encima de todo lo que hay que vivir.

Generalmente todos los hombres del mundo tienden a lo bueno: a crear, a cuidar el mundo, a preocuparse del ecosistema, a tener cercanía especialmente con aquellos más vulnerables, hay una gran conciencia de respeto y de apoyo a las minorías de toda clase; y para un cristiano verdadero eso no es novedad porque es lo aprendido de Jesús. Es lo que nuestro maestro nos enseña. Es el agua que hemos bebido y que ha saciado nuestra sed, de tal modo que ha dejado una marca en todos.

Lo hermoso de este encuentro de Jesús con la Samaritana es que no hay disposiciones “dogmáticas” ni “inquisitivas”, solamente hay una apertura al mundo de alguien nuevo, a lo que significa conocer a una persona y que ella te entrega un nuevo universo, de comprensión de su entorno, de sus búsquedas, de nuestras situaciones comunes y de invitación a caminar juntos, a compartir de la misma agua.

Esa acogida y reconocimiento provoca en la mujer samaritana un movimiento de transmisión de la buena experiencia, que hace que muchos más quieran recibir esa agua que mana a raudales de un corazón que está amando.

Esa es la experiencia de nuestros misioneros y agentes pastorales que se repite día a día en cada lugar de nuestra diócesis. Ojalá siempre tengamos esa sed de agua viva para que mantengamos fresco el mensaje, el testimonio de Jesús en el mundo. Porque a veces parecemos simples funcionarios que cumplimos pero que no movemos a salir, a jugarse entero, a comprometerse con el anuncio del Evangelio en el mundo y nos quedamos establecidos en nuestros templos, cuando hoy se nos ofrecen infinidad de propuestas de vida y de relacionarnos con el mundo.

Que este tiempo de Cuaresma nos permita acercarnos a Cristo para saciar nuestra sed, que nos renueve en las búsquedas y de ese modo contagiar a muchos en la vivencia del amor que brota del Señor para todos.

Domingo 19 de marzo, Juan 4, 5-42.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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