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21 Abr2017

“Paz a ustedes”

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles

Durante estos días la Iglesia diocesana ha debido vivir momentos de gran pesar por la partida de uno de sus miembros. El Padre Juan Carlos Arancibia, párroco de Pencahue y Gualleco ha subido a la casa del Padre Dios. Ha sido una experiencia muy fuerte para quienes lo conocimos un poco más, quienes lo acompañamos en su vida de formación (me correspondió tenerlo en su año pastoral mientras fui párroco en Molina) pudimos apreciar su sinceridad en la respuesta al llamado del Señor, era una verdadera vocación por amor a Jesucristo y, lo vivió desde muy joven en su compromiso en las comunidades de vida juvenil de Sarmiento, y supo responder a la invitación para formarse como Pastor en el Seminario San Pablo de Rauquén. Ahí fue fortaleciendo su fe y aprendiendo lo que necesitaba para servir al Pueblo de Dios. Vivió su ministerio en Teno, Romeral y ahora último en las parroquias ya mencionadas. Como dice el libro de la sabiduría “maduró en pocos años”, y ahora comparte la alegría de los hijos en el cielo.

Lo vimos partir feliz a celebrar Semana Santa a las comunidades de su parroquia y hoy lo recordamos como uno más que pasó por nuestra vida dejando una estela de bien, de alegría, de servicio, de honestidad, de respeto, de cercanía, de testimonio de Jesús en medio de las personas.

El texto de san Juan nos cuenta que los discípulos se encerraban por temor a los judíos y en ese momento, Jesús, se aparecía con un saludo que marcará los encuentros con el resucitado: ¡Paz a vosotros! Un encuentro que los llenará de alegría y que los confirma en la misión encomendada, para eso sopla sobre ellos el Espíritu Santo.

Para Tomás que no estaba presente es lógico dudar, ¿No será una invención para que esté tranquilo? ¿No será una visión de alcance colectivo? Sin duda, es un momento que para todos los demás es maravillosa, pero para Tomás resulta algo no aceptable dentro de las coordenadas en las cuales nos movemos. Eso hasta que a la semana siguiente le corresponde ser testigo privilegiado de la aparición de Jesús Resucitado, ya que se dirige directamente hacia él para pedirle que meta su mano en el costado y sus dedos en las llagas de la mano. Es un momento muy hermoso porque brota de la boca de Tomás una confesión de fe gigantesca: “¡Señor mío y Dios mío!

Estos días en los cuales nos ha tocado acompañar con dolor la despedida de Juan Carlos, hemos podido ser testigos de las llagas de Cristo y que han sido sanadas por el amor de un sacerdote que se entregó de manera ejemplar al servicio de todos. Hemos podido ver a Cristo que se ha expresado a través de todas las personas que daban testimonio de haber conocido a Jesús por medio de un amigo, un servidor. Hemos visto una comunidad que se ha unido, que se ha reconstruido y que ha aprendido a vivir en el Evangelio.

La paz es una experiencia que trae consigo desafíos, no es la paz de no moverse, no hacer ruido ni comprometerse con nada. Los mensajeros de la paz son aquellos que se van día a día encontrando con las llagas sanadoras de Jesucristo en tantos sufrientes de la historia. Que la vida del Padre Juan Carlos sea para todos un testimonio más de alguien que puso sus dedos en las llagas de Jesús para sanarlas en aquellos que tuvo a su cargo, a los más pobres y humildes, a aquellos que necesitaban recibir la Palabra amorosa de Jesús.

Domingo 23 de abril, Juan 20, 19-31.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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