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05 May2017

¿Somos puerta o muralla?

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Los Doce Apóstoles

En el mundo antiguo muchas ciudades importantes estaban cerradas completamente por muros, era una forma de mantener protegida a las personas y los bienes que poseían frente a pueblos enemigos o a ladrones. Es conocida la toma de Jericó por las fuerzas del Pueblo de Israel comandadas por Josué.

Hoy conocemos muchos muros que se han construido en el mundo para separar países como en Israel-Palestina, EEUU-México; Corea del Norte y Corea del Sur; Macedona-Grecia; India-Paquistán; Belfast, en Irlanda que separa barrio católico de protestante; etc. Existe un gran número de ellos y otros que naturalmente dividen las fronteras como Los Andes que nos separa de Bolivia y de Argentina. Son fronteras que provocan dolor en las personas porque muchos de ellos separan familias como en el caso del destruido Muro de Berlín, que luego de muchos años pudieron volver a verse y abrazarse.

En este domingo Jesús se presenta como la puerta del corral: es el que permite pasar a la salvación, a la búsqueda de su alimento. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Jesús viene a romper las fronteras, es el que destruye los muros que impiden la comunicación y el trabajo en conjunto. Es una puerta no una muralla. Es fuente de comunicación con el Padre Dios, de hecho enseña a orar a sus discípulos para pedir al Padre. No se hace el dueño ni se apropia de las ovejas, es un servidor de la causa del amor. Del acercamiento de los hijos con su padre.

El pueblo de Dios siempre está en peligro de cerrarse entre muros, pero la tarea misionera nos dice que debemos salir para llevar el evangelio a todos los rincones de la tierra. No se puede quedar en la seguridad del rebaño encerrado porque su alimento está fuera del corral. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”, nos dirá Jesús y eso se cumple en el recorrer todos los lugares y proclamar la venida de su reino.

El segundo tema importante en este día es que estamos invitados a hacer una profunda oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas. El domingo del Buen Pastor, como se conoce este día, lo aprovechamos para pedir obreros para la cosecha. Los sacerdotes no salen de manera milagrosa en algún lugar secreto del mundo. Los sacerdotes están en los hogares de cada una de las familias cristianas que confían en el Señor y saben mostrar a sus hijos el camino que los hará felices. Les mostrarán todas las posibilidades de realizarse que no tienen que ver únicamente con lo económico, sino que con la realización personal y la vocación sacerdotal los hará también felices, inmensamente felices porque serán hombres que harán posible, como Jesús, el encuentro con el Padre. Serán como él, puertas y no muros que permitirán la comunión de los hombres entre sí y con Dios.

Tengo la convicción de que tenemos muchas vocaciones para vivir la vida sacerdotal, pero falta a veces el acompañamiento, la palabra de ánimo, el apoyo familiar, la oración decidida de las comunidades para que veamos a los hijos dispuestos a responder, a dejarlo todo y seguir a Jesús hacia donde él los quiera llevar.

“Dios, Padre y Pastor, tú quieres que no falten hoy día hombres y mujeres de fe, que consagren sus vidas al servicio del Evangelio y al cuidado de la Iglesia. Haz que tu Espíritu Santo ilumine sus corazones, y fortalezca sus voluntades para que, acogiendo tu llamado, lleguen a ser los Sacerdotes y Diáconos, Religiosos, Religiosas y Consagrados que tu Pueblo necesita. La cosecha es abundante, y los trabajadores pocos. Envía, Señor, trabajadores a tu cosecha. Amén.”

Domingo 7 de mayo, Juan 10, 1-10.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
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