P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
“Dijo Jesús a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque solo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.”
Si recuerdan la semana pasada, reflexionamos acerca del miedo y lo que implica en la vida de las personas cuando se presenta. Nos provoca inmovilidad, incapacidad de realizar algo porque nos intimida el hecho de sabernos comparados, o interpelados por alguien o por alguna situación que nos supera.
Hoy en cambio queremos llegar a la raíz profunda de nuestro actuar en la vida. El motivo central por el cual cada hombre y mujer se despierta en la mañana y se mueve para realizar cada tarea que emprende cuando tiene un sentido de vida, de perfección, de crecimiento en una línea determinada.
Los que han conocido a Jesús dan el testimonio “que es lo mejor que les ha podido pasar en la vida” y el Papa Benedicto XVI lo confirma en sus escritos.
Cuando Jesús da razón de su actuación dice que solo viene a hacer la voluntad de su Padre, yo hago lo que he visto hacer a mi Padre, cuando se retira a orar es para escuchar la voluntad de Dios; no hago nada por cuenta propia, todo lo que he oído de mi Padre es lo que les digo. Es la opción fundamental de Jesús y que a partir de esa concepción es que valora todo lo creado, porque ha surgido como un don del amor de Dios. Si el Padre nos ama de manera inmensa, nuestra respuesta debiera ser una respuesta de amor, que hace creativo, que produce frutos, que alcanza la paz en el corazón y en las situaciones de guerra que nosotros hemos visto. Conocemos muchos casos de depresión, de angustia, en estos tiempos; porque es demasiada la gente que se ha dejado llevar por la propaganda, o por la mentalidad del éxito que hemos escuchado en tantos lugares y eso no lo alcanzan todos en la posibilidad de ser el mejor futbolista del mundo, el mejor actor, el más rico; todas esas aspiraciones no dejan de ser sino el brillo, la luz de carteles que hacen al hombre soñar pero que no lo hacen mirar la realidad de lo que significa el realizarse verdaderamente. El descubrimiento que hace cada hombre y mujer de ser querido, amado por Dios lo debiera hacer superar el miedo y llevar a valorar todo lo que tiene como lo más importante ya que ha sido un regalo de Dios. Por ser de Dios, amo a mi familia, amo mi trabajo, amo el mundo en que vivo y su paisaje.
Hemos recibido en estos días la noticia de la visita del Papa Francisco a nuestro país, noticia que nos llena de alegría porque el vicario de Cristo viene a animarnos. No se trata de una visita fiscalizadora a la tarea eclesial, sino que se trata de una visita que nos permitirá descubrir cuáles han sido los caminos por los cuales ha ida mostrándose el Señor en nuestra historia y nos orientará para saber que debemos crecer en algunas situaciones porque no muestran, o no son signos del reino de Dios. Porque no expresan nuestra mirada del absoluto como es el cuidado del agua y la naturaleza, el diálogo entre los hermanos de etnias diferentes, el cuidado de la vida familiar y de la vida desde su concepción hasta su término natural.
Le pedimos al Señor que la próxima venida del Papa Francisco nos encuentre más reconciliados y con deseos de siempre construir.
Domingo 02 de julio, Mateo 10, 37-42.