P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
“Se acercó Pedro y dijo a Jesús: ‘Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le respondió: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar cuentas con sus servidores’”.
El evangelio de este día domingo parte con esta pregunta de Pedro a Jesús y recibe como respuesta la afirmación que inicia este comentario y luego continua con el ejemplo del hombre que le debía al rey una cantidad grande de dinero y es perdonado, pero este hombre que tenía un amigo que le adeudaba una poca cantidad hace lo contrario a lo vivido él personalmente y hace meter al hombre en la cárcel hasta que pague.
Es una invitación a perdonar de manera total, sin cuenta, siempre. Estos días en los cuales se recuerda la historia patria y se celebra, está marcada por acontecimientos que trajeron mucho dolor a familias chilenas. Y todavía persiste el dicho “ni perdón ni olvido”; incluso en personas creyentes.
Es cierto que son situaciones fuertes y que han cambiado la forma de ser de nuestro país de manera muy profunda: se ha arraigado la desconfianza, se mantiene un inconsciente que te hace temer un poco a los uniformados, y en muchos existe odio contra todo lo que sea militar, se ha provocado una polarización mayor a la que existía antes en nuestro país entre ricos y pobres; derecha e izquierda, los que apoyaron la dictadura y los que lucharon contra ella.
Pero por otro lado hemos conocido a hombres y mujeres que teniendo muchísimos motivos para tener odios, han preferido el camino del perdón. Se han reconciliado con la historia y hoy trabajan en la causa de un país nuevo, donde se busque el verdadero progreso. Enfrentando la verdad es posible el perdón. No se trata de olvidar, porque eso no se puede hacer. El perdón es hacer la opción de no recordarte jamás aquello que me provocó daño y esa actitud cambia al que ofendió y al ofendido.
Será por eso que me quedó resonando la frase de Jesús cuando habla de que “el Reino de los Cielos se parece…”: un país donde hay reconciliación es empezar a vivir el cielo. Pero para ello debe haber una actitud de reconocimiento de la deuda que tengo, porque es el primer paso para ser perdonado. Seguramente ese paso le falta a muchos en nuestro país, las culpas se lanzan de un lado a otro y eso impedirá por largo tiempo que nuestra patria sea la copia feliz del edén. Es necesario que se abra la mente y el corazón, porque alguien tiene que ceder y cuando eso sucede por la fuerza, lo único que se logrará es que otros sean los ofendidos y otros los que ofenden, una historia de vuelta de tortilla eterna y no será el cielo. Cuando los hermanos saben mirarse a los ojos y aceptar las culpas propias, el encuentro se empieza a dar.
El Rey se acercó y el hombre pidió perdón. Pero cuando no vio la misma actitud, retiró el perdón. ¿Se pierde el perdón? Pareciera que sí, pero eso sucede cuando en toda la historia solo se ve la propia seguridad, quería protegerme “yo”, individualismo. Eso significa únicamente que nunca estuve totalmente perdonado, porque no había una actitud, un deseo verdadero de reconstruir las cosas, de volver a empezar y vivir la vida del cielo.
Domingo 17 de septiembre, Mateo 18, 21-35.