P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
“Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: << ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y dirigiéndose al primero, le dijo: “Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. El respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?>>. <<El primero>>, le respondieron. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.
Nuevamente tenemos un ejemplo de la viña. Como la semana anterior, en la cual eran invitados a trabajar y recibían un salario igual a pesar de haber llegado a diferentes horas y haber realizado un mínimo de esfuerzo. Revelaba la generosidad del dueño de la viña que quiere regalar con grandeza y cariño a quienes aceptan la invitación.
Hoy me resulta importante la pregunta que hace Jesús: “¿Qué les parece?”. Está dentro de la comprensión que él tiene del Reino de su Padre, en el cual prima la libertad y la voluntad de aquél que es invitado. Recuerdo un dicho antiguo de nuestros padres y abuelos que decía: “A la fuerza no es cariño”. Jesús siempre respeta a las personas y las invita a poder actuar en conciencia y libertad. No es alguien que impone su pensamiento por encima de los propios. Ahora uno se encuentra por todos lados gente que quiere imponer su postura: ¡Cómo puede Ud. pensar eso!
Lo hemos repetido en muchas ocasiones: a los que han decidido su vida y la hacen práctica habitual, es decir: tienen horarios para su oración, para alimentarse en la eucaristía, en sus conversaciones hacen notar su postura, son coherentes en la manera de comportarse en la vida; la acusan de “imponer” a los demás. Y eso se da en muchísimos casos. El dar testimonio de algo que me ha hecho bien, que me ha abierto la mente y el corazón a una vida nueva, no podría tenerlo escondido, sino que lo cuento y lo multiplico para que a otros también les llene sus propias vidas. Pero con la pedagogía que tiene Jesús, que hace primero ver la bondad de tal o cual situación.
El que dijo que no de manera inicial, seguramente se arrepintió porque se acordó del amor del Padre, supo de su cariño a toda prueba y que lo mueve a hacer cosas grandes. Se entrega con toda la vida a responder como ya lo decíamos, a testimoniar ese amor.
El que dice sí, de manera inmediata, no ha comprendido lo que significa esa respuesta. Quiere caerle bien al que manda, hay tanta gente que responde lo que el otro quiere oír, pero no lo considera ni lo cree realmente. De ahí surge tanta gente que no entiendo: se cansa luego, se estresa, hay que avisarle el horario para que se levante, hay que apurarlo siempre, vive su trabajo a medias y solo espera el fin de mes para que le paguen y siempre es malo el sueldo, tiene actitudes arribistas, siempre encuentra malo al otro y todo es por culpa de los demás.
Quien responde a la invitación de Jesús siempre quiere dar más, se prepara, estudia, busca, provoca encuentro.
La diferencia entre los fariseos y los doctores de la ley, en comparación a los pobres llamados por Jesús está en ese detalle: los que han descubierto que la vida debe ser un espacio para responder y hacer presente el Reino de Dios por lo tanto son modelos dignos de imitar y, los que solo cumplen por obligación una tradición y la quieren imponer a los otros que provocan huida o muchas veces renuncia a la fe.
Domingo 1 de octubre, Mateo 21, 28-32.