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13 Oct2017

Francisco, yo te invito

p luis alarP. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás

“Luego dijo a sus servidores: <<El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren>>. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados”.

Por tercer domingo nos encontramos con una lectura de un patrón que invita, antes a su viña a trabajar en distintos momentos del día, luego a los hermanos que son enviados y uno dice no y luego va junto con otro hermano que dice sí y no va. Hoy, el Rey invita a las bodas de su hijo y, por distintas razones, los convidados se justifican y no van.

Nuevamente se hace alusión a la historia de Israel y a su permanente negativa a vivir según el querer de su Dios. Por muchas razones se excusan y olvidan lo central de la relación con Yahvéh, que es una relación de cariño, de amistad profunda y verdadera. Basta con descubrir a quienes se invita a cualquier encuentro familiar: siempre son los que tienen algo importante en la vida personal porque hemos tenido una historia juntos, siempre se invita a aquellos con los cuales nos liga un compromiso de vida como la familia, los empleadores que han sido justos, los amigos más importantes. Por lo tanto, hay una obligación amorosa a estar, no a cumplir con ir. Se comprende que el Rey se enoje tanto, porque descubre que solo ha habido una cercanía por interés, por prestigio, por querer ganar algo. No había verdadera amistad porque no he sido capaz de dejar lo que tenía por acompañarte, solo por alegrarme contigo y por tu hijo. Cuanta gente repite con rabia, con desilusión: me defraudaron.

Ante esta situación de desengaño, el rey opta por invitar a otros, opta por hacerse nuevos amigos, que no tienen ni prestigio ni riqueza, pero que tienen la cortesía de aceptar y de disfrutar lo que está preparado. De todos modos, encuentra a uno que no estaba vestido para la ocasión y es echado fuera. Extraña esta situación, pero se puede reflexionar que es necesario tener los mismos sentimientos del invitador que está alegre por la nueva vida de su hijo y quien celebra con él se une a esa intención. Cuantos se acomodan a lo establecido, pero no comparten ni creen lo que están viviendo.

Ha sido doloroso escuchar a gente de iglesia en estos días criticar una visita que “cuesta tan caro”. Seguramente en los veranos no vienen visitas a sus casas y le comen todos los pollos, dicen en el campo, y no se los cobran porque son su familia.

El Papa es nuestra familia y tiramos la casa por la ventana cuando viene. La visita de cualquier autoridad mundial que ha venido a Chile es más cara que esta y todos la hemos pagado sin preguntarnos nada. Hay encuentros tres veces más caros, con pago de entrada que hacen el sueldo millonario de cualquier artista y pagamos las entradas más caras del continente y nadie reclama nada. Hoy nuestro pastor nos visita, invitado por nosotros y nos quejamos, la donación es voluntaria y la ganancia es infinita. El Papa no cobra, todo lo que se usa es para un buen momento de acogida en sus reuniones masivas y lo que queda servirá para casas, y para las instituciones de ayuda que tenemos. Más encima el Estado recibirá, según otras experiencias, diez veces más de lo que se gastará y nada para solidaridad. Espero que los ciegos con pseudo solidaridad puedan ver mejor.

No solo en lo material sino en su mensaje de paz y de esperanza, en su invitación a tomarnos de las manos todos los chilenos y reiniciar nuestra historia, el Papa Francisco nos dará mucho más. No es lo mismo que lo diga desde Roma o de África: son palabras que escucharemos aquí cerca de nuestra casa. El Pastor con olor a oveja lo tiene porque se junta con ellas, no las mira desde otro continente.

Domingo 15 de octubre, Mateo 22, 1-14.

Diseño, Edición y Producción: Departamento de Comunicación Social.
Todos los Derechos Reservados ©Diócesis de Talca-Chile

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