P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
“Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los cielos es como un hombre, que al salir de viaje llamó a sus servidores y les confió sus bienes (...) Llegó luego el que había recibido un solo talento. ‘Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!’ (…) ‘Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes’”.
Este domingo para nuestro país es muy importante. Le pedimos al Señor que sea una jornada marcada, como ha sido tradicional en todas las elecciones que hemos tenido, por la madurez ciudadana y no se produzca ningún hecho violento ni proselitista. De hecho, no conozco en la historia acontecimiento alguno que lamentar en una jornada de votaciones, me refiero a Chile.
Esperamos que todos los que tienen derecho a voto puedan acercarse a las mesas escrutadoras. Es un deber, no es colaboración. Es obligación. No pasa por si me gusta o no. Ya que la política debe gustarme, aunque suene impositivo. Es como la sopa que nos daba la mamá en la casa: ¡no le gusta, pero le hace bien, tómesela! Muchos han decidido abstenerse de tan importante tarea, lo hemos dicho en domingos anteriores, porque me han defraudado las instituciones, porque ya no tengo esperanzas en nadie, pero eso no significa que abandoné este mundo y ya no me ocupo de nada más. Ya que de todos modos debo ser un buen político para organizar mi propia vida y la de mi casa. Y para que tengamos mayor capacidad de acción y distancias que recorrer tendré que dialogar con mi vecino y con los de más allá para extender los radios de influencia con los valores que creo deben encarnarse en las familias y personas que están a mi cuidado en su crecimiento y formación.
El evangelio de hoy nos muestra una política de participación, un rey entrega talentos a tres servidores y cada uno sigue su propio criterio: dos negocian con los talentos y crecen mucho más de lo que habían recibido y un tercero prefiere esconder bajo tierra el talento recibido.
Puede ser la historia de la vida de cada cual. Todos hemos recibido un don, que es personal, pero para el bien de la comunidad, nos dirá San Pablo. Todos de una o de otra manera damos fruto o intereses porque una riqueza de tal magnitud (un talento en moneda de hoy equivale a ciento cuarenta y cinco millones de pesos) por el solo hecho de estar depositada da intereses importantes para poder vivir tranquilos toda la vida. Me imagino que todos los hombres y mujeres del mundo han recibido generosamente de parte de Dios por lo tanto su acción diaria, en el trabajo, en el testimonio, en el conversar con alguien, en la solidaridad, en el puro moverse cada día deja una estela, una huella de ejemplo que le sirve a otros. De hecho, he conocido personas que viven desde que nacen en situación de postración, por algún tipo de accidente genético o posterior a nacer, y su único movimiento es respirar: esas personas han dado un fruto riquísimo de unidad familiar, todos se unen en torno a ella, llegan temprano para acompañar, los ha hecho comprender la solidaridad, les ha permitido pensar siempre en otros. Es decir, quien no puede moverse da un fruto de ciento por uno.
Es por eso que la persona del evangelio nos hace entristecernos porque no ha dado un interés siquiera. La responsabilidad que tenemos no la ha querido desarrollar por miedo. Eso no debe existir para un hijo de Dios. Porque la relación que tiene con él es de amor, ya lo hemos dicho muchas veces.
Domingo 19 de noviembre, Mateo 25, 14-30.