P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Univ. Santo Tomás
Celebramos el cuarto domingo de Adviento y en la noche estaremos viviendo el acontecimiento de la Navidad. Muchas comunidades ser reunirán para celebrar esa fiesta. Creo que es importante el reflexionar en torno a la actitud de María, la joven que recibe la visita del Ángel Gabriel y sabe responder de manera acogedora a su anuncio.
El Padre Pagola nos cuenta: “con un arte difícil de igualar, Lucas recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su Hijo Jesús. Todos podemos unirnos a ella para recibir al Salvador. ¿Cómo prepararnos para recibir con gozo a Dios encarnado en la humanidad entrañable de Jesús?
‘Alégrate’. Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos demasiado impacientes. Todo lo queremos enseguida. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente se nos ha olvidado esperar a Dios, y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.
Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer, la diversión que nos proporciona el bienestar. Sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir nuevos caminos hacia la alegría.
‘No tengan miedo’. La alegría es imposible cuando vivimos llenos de miedos, que nos amenazan desde dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzada? ¿Cómo olvidar nuestra impotencia y cobardía para enfrentarnos al mal?
Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si vivimos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.
‘El Señor está contigo’. Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del Misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios”.
Esta es una ocasión en la cual todos nos podemos reconocer hermanos, porque sabemos que un niño ha nacido. Y en su contemplación todas las armas desaparecen. Delante de un niño pequeño solo brota de nuestro corazón el deseo de hacerle bien, de impedir que llore, que se sienta alimentado, protegido. Un niño que nace despierta la decisión de tener un hogar, de abrirnos a la paz, de trabajar para que su futuro sea bueno y pueda ser un agradecido de todo lo que se le ha podido dar.
Los profetas que nos han hablado de este día siempre nos mostraron imágenes paradisíacas. De una sociedad casi perfecta. Hoy los que hemos contemplado el nacimiento de Jesús sabemos que eso es posible porque brota del corazón humano todo lo bueno y lo podemos compartir.
La navidad no es solo este veinticinco de diciembre, sino todos los días en los cuales nuestro descubrimiento en este día nos permite extenderlo hacia los demás, cuando nuestro trabajo, nuestra amistad le abre, a todos, un mundo de esperanza, que les despierte la alegría y la posibilidad de saber que los sueños que tiene, los anhelos de crear, de paz, etc. son posibles porque hay quienes junto a ti se atreven a realizarlo. Navidad es entonces un acontecimiento que continúa revelándose para que muchos se atrevan a la alegría. Parece imposible para los hombres, pero todo es posible para Dios.
Domingo 24 de diciembre, Lucas 1, 26-38.