P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
La noticia que nos cuenta san Juan es para alegrarse profundamente porque somos testigos de un acontecimiento que estaba en el corazón de Dios desde siempre. En esta creación dañada por el pecado, la bondad del creador se manifestó inmediatamente como podemos comprobar en el libro del Génesis, en la conversación con la serpiente le anuncia que uno de su estirpe te aplastará la cabeza. Es la noticia que comienza a despertar la esperanza en un hombre herido por el mal. Es la buena nueva de saber que desde siempre hemos estado en el pensamiento de alguien que nos ama y que solamente aguardaba con paciencia este tiempo en el cual nuestra naturaleza humana daría un paso de confianza y de atreverse a los planes de Dios que son poco buscados u obedecidos por los hombres que no quieren entrar en terrenos desconocidos, sino que prefieren moverse en las aguas tranquilas de lo que se ve y se siente.
Lo hemos comentado en todos los domingos anteriores: la voluntad de cada persona de este adviento ha sido vencida por la palabra del Señor que les mueve a decir “SI” para que entre a jugar la fuerza, la creatividad, la ternura de Dios. Sin esa aceptación no sabemos cómo podría haberse dado este milagro que hoy contemplamos.
Un niño que nace es lo más débil, mueve al cariño, a desarmarnos de todo, a darle seguridad, y Dios ha querido asumir esa condición. No se aferra a su poder omnipotente y a sus ejércitos de ángeles, sino que se manifiesta como uno más, como alguien que atrae las miradas. Nuestro Dios es amigo.
Qué difícil es para una gran muchedumbre de hombres y mujeres comprender este misterio. Hemos visto a todos correr de un negocio a otro para preparar una fiesta en la cual el invitado principal no ha estado. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Ningún comercial de televisión, de radio, o revistas hacen mención a la llegada de Jesús. Lo único que se comenta es que viene la Navidad y aparecen viejos pascueros y renos en las vitrinas esperando tu dinero. Un tiempo que muchos viven con susto, porque las peticiones dan para todo y no sabemos si podremos pagar o hasta cuando estaremos endeudados con esta “fiesta”. Al parecer este dios te atrapa y te come entero, no te deja respirar pero es el que aparentemente domina el mundo.
Pero misteriosamente, a pesar de esos esfuerzos del comercio, se sigue haciendo cercano ese niño que nace pobremente y a pesar de todo feliz. Porque tiene un padre y una madre que lo arrullan, hay amigos que lo visitan: animales y pastores, hombres de todos los rincones del mundo que se dan cuenta que lo fundamental era revelar a Dios de esta forma. No con poder que asusta y hace que muchos huyan de su lado. Este Dios con mayúscula hace al hombre contemplarse en su verdad, somos frágiles, pero nuestra fuerza está en que juntos, como rebaño, confiando el uno en el otro pueden llegar a hacer visible el Reino, como lo vemos diariamente en gente que se levanta responsablemente a su trabajo, en personas que cuidan a los enfermos, en los artistas que crean para que otros puedan contemplar o escuchar sus obras, en todos los que hacen que el mundo revele sus inmensas maravillas desde la ciencia y desde la humildad de saber que todo eso nace en esta cunita de paja en un pesebre lejano en distancia pero cercano en el corazón de cada hombre y mujer que ha visto brillar la estrella y lo ha seguido.
¡Feliz Navidad a todos los hombres y mujeres de buena voluntad!
Domingo 25 de diciembre, Juan 1, 1-18.