P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social
Párroco de Hualañé y de La Huerta del Mataquito
Estamos en un domingo muy importante ya que es vísperas de un nuevo Encuentro Diocesano. Nuestra Iglesia talquina hace ya veinticuatro años decidió que cada 15 de agosto se reuniría para celebrar las voces del Espíritu Santo que durante un largo tiempo se escucharon en todas las instancias de la vida, personas de todas las comunidades cristianas, de otras denominaciones religiosas, de grupos diversos de la sociedad, adultos y niños, jóvenes y adultos mayores hablaron para decir que la Iglesia diocesana de Talca debía ser una Iglesia que debía convertirse a Jesucristo para ser misionera al servicio del Reino. Es decir, debía cambiar muchas cosas dentro de ella y eso significa que se debía partir de las personas, que son las que escuchan la palabra de Dios y al transformar situaciones de su vida cambian las estructuras internas y externas de la Iglesia.
He repetido mucho la palabra Iglesia, no es una redundancia, es a propósito porque es la gran asamblea de hombres y mujeres que con su oído atento al Espíritu la que se dispone a vivir una opción fundamental que es “comunión y participación”; entrar en el corazón mismo de Dios y sentir como él siente, para de esa manera estar en sintonía con lo que vive cada persona en esta Iglesia y en el mundo entero. Fue un llamado del Espíritu Santo el salir al encuentro de los más alejados, tanta gente que por temor, por vergüenza, por malas experiencias con la “Iglesia”, o por nunca haber conocido a Jesús están fuera y leyendo el evangelio de Mateo volvemos a recibir el mandato de “ir y anunciar a Jesucristo por todos los rincones del mundo”. Y hemos escuchado que el Espíritu Santo llama a la Iglesia diocesana de Talca a renovarse permanente en el espíritu, y esto significa que un buen discípulo siempre tiene el oído atento para saber que quiere Dios en un momento o en otro, como lo hacía el profeta para guiar al pueblo en su caminar.
Este encuentro que recuerda este gran proceso de nuestra diócesis es un momento para estar, como tantas veces los papás nos decían a quienes no queríamos llegar temprano a casa y que enojados respondíamos ¡y para qué quiere que esté aquí! Y el papá con calma y sabiduría nos decía “para estar”, para ser familia, para compartir un grato momento junto a la familia sin tener nada que hacer. Para eso estamos invitados el 15 de agosto, para estar todos los hermanos junto al Señor y recordar diversos acontecimientos en los cuales descubrimos la presencia o ausencia de Dios.
Y finalmente, recordando el evangelio de este día: el fuego abrasador es un fuego purificador. No es algo destructor sino que es el que prepara para que todo vuelva a florecer de un modo nuevo. En los campos, antiguamente se hacía los roces, es decir se quemaba los restos de maleza y de plantación que quedó de la cosecha anterior, para que luego se pueda preparar la tierra y se siembre la semilla nueva. Es muy importante el cambiar nuestra visión en muchos ámbitos, quemar, purificar para que la palabra de Dios llegue nueva al corazón del hombre y de esa forma al corazón del mundo como dice nuestro libro del Sínodo. Es momento de tomar decisiones en la vida personal, es momento de dar testimonio de discípulo misionero. El Padre Hurtado desde joven se decidió por vivir cercano a Jesús y creativamente en la vida fue descubriendo lo que le permitiría responder de manera fiel a la llamada sin descuidar a su familia y poniéndose totalmente al lado de Jesús que se mostró en los pobres bajo los puentes del río Mapocho en Santiago y en los campesinos, en los jóvenes y dirigentes sindicales. Es invitación a saber elegir aunque exista incomprensión de la misma familia. ¡Los esperamos en el Encuentro Diocesano!
Domingo 14 de agosto, Lucas 12, 49-53.