P. Luis Vaccaro Cuevas
Teólogo
El tema que el Evangelista San Marcos plantea hoy es especialmente importante para nuestra vida creyente y eclesial. De modo más claro aún en el llamado que la Iglesia ha hecho a eliminar barreras, buscar la tolerancia y construir la comunión; en especial en este domingo que la Iglesia dedica a orar por Chile.
El auténtico apóstol, el verdadero discípulo de Jesús, es una persona especialmente sensible al bien que es sembrado y realizado por todo hombre, de cualquier cultura, raza o condición. La eliminación de los celos, de los sectarismos y de las exclusiones se convierte en la posibilidad de acoger a todos y de modo especial a los pequeños, a los que simbolizados en los niños representan a los preferidos del Señor. Los pequeños, en la intención de todo el Nuevo Testamento, son aquellos discípulos cuya fe es todavía frágil e insegura. El escándalo, indica pues todo aquello, que obstaculice el camino de estos peregrinos para ver mejor y ser confirmados en la verdad. Ese es el gran llamado que hace Jesús: Ellos necesitan de una atención especial, de manos que los sostengan y acompañen, de ojos que miren por ellos y le den más claridad que la que ellos pueden conseguir.
De aquí también se deriva la advertencia, enunciada al modo hebreo del Antiguo Testamento, por Jesús: si mis manos llegan a ser causa de error; si mi pie hace caer intencionalmente al otro; si mis ojos conducen a los demás hacia la tiniebla, entonces el discípulo se convierte para esos pequeños en causa de tentación, de caída, en definitiva de escándalo. Jesús hace una invitación a los discípulos, a ser conscientes de su comportamiento personal y social, para evitar, que el orgullo de la propia seguridad, se convierta en soberbia e intolerancia y por tanto mal que concretamente se convierte en obstáculo para la búsqueda de los que son más pequeños y débiles en la andadura de la fe.
La tentación de excluir, de mirar con suficiencia y petulancia, de caer en actitudes sectarias, es una de las grandes tentaciones y, a veces, pecado concreto de la comunidad creyente. También en nuestros días, eso sucede. Algunos cierran puertas, en vez de abrirlas. Ponen condiciones que hacen perder frescura y libertad al Evangelio. La Buena Noticia, no puede nacer de un anuncio mezquino, moralista o hipócrita. Ella es por esencia, don de Dios, regalo gratuito para todos. Palabra que respeta los diferentes ritmos de acogida, los caminos distintos que se recorran, y sobre todo es delicada con la fragilidad y la debilidad de los pequeños y débiles.
Domingo 27 de septiembre de 2015. (Mc. 9, 38-43.45.47-48)