P. LUIS VACCARO CUEVAS
Teólogo
En el Evangelio que San Marcos nos ofrece en la liturgia dominical, Jesús aparece en plena acción, de modo especial, en dos momentos: el primero está dirigido a sus discípulos. Él Maestro quiere permanecer solo con ellos después de la primera experiencia que como anunciadores de la Buena Noticia han tenido los suyos: “Y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado”. Enseñanza más íntima, descanso, oración, paz, discernimiento de la misión realizada y confrontada con la fidelidad a la Palabra implican un mayor y más profundo conocimiento de la mesianidad y del misterio de la persona de Jesús. Este desarrollo progresivo que introduce a los discípulos en la realidad de quien es el Señor forma parte de la pedagogía con que Jesús los va formando.
El segundo momento está referido a las “ovejas sin pastor”, expresión ya usada por los profetas del Antiguo Testamento para referirse al pueblo disperso y gobernado por incapaces que lo conducían a la ruina. Jesús se conmueve y se pone a la cabeza de este rebaño empobrecido e indigente. La pena que Jesús siente por la multitud es interpretada en otros textos, como la compasión que Él siente por el hambre que sufre la multitud que lo sigue. San Marcos hace una interpretación más matizada y aguda “y estuvo enseñándoles largo rato”. Antes del pan, Jesús ofrece el alimento de su palabra. De este modo el evangelista destaca en Jesús la figura mesiánica del pastor que guiará al pueblo sin tropiezos y por la senda segura.
El mensaje de Marcos es claro en la descripción y en la secuencia de los dos momentos descritos. Cada discípulo, viene del lugar que le había sido confiado, a contarle a Jesús las muchas cosas que había hecho. Pero Jesús, quiere ante todo, que sus discípulos no se vean sorprendidos y deslumbrados, por el vano triunfalismo de “las muchas cosas que hay que hacer”. No se trata de hacer muchas cosas sino de acercarse a las personas de un modo y con un contenido concreto: tal como Jesús se acerca, del mismo modo que Él siente compasión, tratando de que las palabras y los gestos sean los que Él diría y haría.
Vencer la tentación del activismo, a veces, encubierto de muchas y justificadas maneras, es entender que toda actividad apostólica cristiana deberá ser aprendida en soledad, en contacto personal con el Señor. Esa es la experiencia fundante que debe mover la vida de todo discípulo. Ayudar a que otros experimenten la misericordia de Dios tal como Él la ha experimentado en su vida.
Domingo 19 de julio de 2015. (Mc. 6, 30-34)